Verónica Domínguez García
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Si tienes un grupo con una buena y regular asistencia, un super programa de actividades y has logrado buenas relaciones entre ellos, seguramente te sientes muy satisfecho (y realmente debes estarlo), pero lo que no debes dejar de tomar en cuenta es que tu principal compromiso es guiarlos para conocer a Dios y tener una relación personal con Él.

Digo esto, porque en varias ocasiones me he encontrado en diferentes grupos, donde los jóvenes comparten conmigo lo divertido que es pasar tiempo con los demás, realizar actividades, salir juntos, etc. Otros consideran interesantes los temas que se tratan en las reuniones y en general se sienten muy bien, sin embargo, pocos comparten algo relacionado con su fe, su compromiso y su crecimiento en Dios; incluso algunos abiertamente han expresado que tienen dudas respecto a la existencia de Dios o puntos de vista que reflejan la ausencia de Él en sus vidas.

¿Cómo puedes asegurarte de que tienes un grupo de discípulos y no sólo de agradables amigos?

1. Explorando su nivel de espiritualidad

Es cierto que solamente Dios conoce los corazones y las intenciones de cada uno de ellos, pero Jesús nos enseñó algo importante al respecto: Por sus frutos los conocerás. Observa a cada uno de tus jóvenes para identificar en qué aspecto necesitan que les ayudes, ya sea para afirmar su fe o para empezar a despertar su interés.
a. Compartir testimonios. Sería bueno tener alguna reunión en la que se compartan algunos testimonios, anticipádamente puedes extender una invitación, de esta manera podrás darte cuenta de quienes no participan y acercarte después personalmente a ellos.

b. Enfocar en ciertos temas. En tus pláticas personales con cada uno de ellos, procura tocar algunos temas respecto a Dios, Jesucristo, salvación, etc. Seguramente descubrirás algo importante respecto a cómo es su relación con Dios.

c. Observar actitudes. Checa qué tanto participan en las oraciones y lectura de la Biblia, su servicio, compañerismo, iniciativa para apoyar al grupo y comportamiento en general. Eso te hablará mucho de sus intereses y por supuesto de cómo es su comunión con Dios.
2. Para seguir conociendo a Dios

Puede que consideres que en tu grupo cada uno de los jóvenes ha tenido una experiencia personal con Jesucristo, pero no quiere decir que debes dejar de preocuparte, debes estar dispuesto a compartir con otros y hacer que tus jóvenes también lo hagan, en este caso, no olvides incluir actividades evangelísticas en tu plan de actividades (representaciones, talleres, películas, etc.). Y en cuanto a tu grupo no olvides:
a. En tu enseñanza bíblica, dejar una verdad para poner en práctica. InvÍtalos a hacer algo en la semana que tenga que ver con lo que aprendieron en la reunión.

b. En tus oraciones, no te olvides de interceder por ellos, imitando la actitud de Jesús por sus discípulos (Juan 17).

c. En su comunión personal, animarles y proveerles de materiales sencillos para sus devocionales entre semana. (Puedes consultar esta columna del mes de enero).
Recuerda eres un líder espiritual que busca compartir a Jesucristo y su modelo de vida con los jóvenes, asegúrate de decirles en todo el ministerio con ellos: Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud (Ec.12:1).

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