Pastoral para el Líder-9 – Enseñabilidad
“Roboam fue a Siquem, porque todo Israel había ido allá para proclamarle rey. Pero lo supo Jeroboam, hijo de Nabat que estaba todavía en Egipto, adonde había huido del rey Salomón y donde se había quedado a vivir. Cuando mandaron a llamarle, Jeroboam y todo el pueblo de Israel fueron a hablar con Roboam, y le dijeron:\n-Tu padre fue muy duro con nosotros; ahora alivia tú la dura servidumbre y el pesado yugo que él nos impuso, y te serviremos.\nRoboam les contestó:\n-Marchaos y volved a verme dentro de tres días.\nLa gente se fue, y entonces el rey Roboam consultó a los ancianos que habían servido a Salomón, su padre, cuando éste vivía. Les preguntó:\n-¿Qué me aconsejáis que responda yo a esta gente?\nEllos le dijeron:\n-Si hoy te pones al servicio de este pueblo y les respondes con buenas palabras, ellos te servirán siempre.\nPero Roboam no hizo caso del consejo de los ancianos, sino que consultó a los muchachos que se habían criado con él y que estaban a su servicio…” (1 Reyes 12:1-6) \n\nPor más años que pase en el servicio cristiano siempre vuelvo a enfrentar una y otra vez la misma situación. Estoy sentado en el auditorio –sea una iglesia, un seminario, una conferencia o cualquier otro tipo de actividad cristiana- delante de la persona que tiene la responsabilidad de enseñar, predicar o adiestrar.\n\nHoy soy un oyente, hoy no soy el protagonista ni tengo a mi cargo, bajo mi control el privilegio y la responsabilidad de enseñar. Entonces, comienza en mí esa lucha interior ser humilde y aprender o considerar que ya no hay nada que nadie pueda enseñarme.\n\nEs un auténtico conflicto interno. Por un lado, mi orgullo, mi posición como líder me llevan a cerrarme ante lo que aquella persona pueda enseñarme. No es difícil para mi mente descalificar al orador. Son muchos y variados los argumentos a los que puedo recurrir para no admitir que tiene algo que yo necesito y que puedo aprender. \n\nEn ocasiones considero que es demasiado teórico o, contrariamente, poco académico. En otras ocasiones tengo la tendencia a descalificarlo porque su contexto es muy diferente al mío, sus circunstancias son sin duda más favorables y habría que verlo poniendo en práctica lo que dice en una situación como la mía personal.\n\nPersonalmente me doy cuenta que se trata de una auténtica batalla espiritual que debo afrontar cada vez que alguien quiere enseñarme alguna cosa, es la batalla de la enseñabilidad. Aprender de alguien que es claramente superior, no siempre es tan difícil, el problema radica en aprender de mis pares o de aquellos que yo considero, por la razón que sea, inferiores a mí.\n\nEn el fondo, siendo sincero conmigo mismo, es una cuestión de inseguridad y orgullo. Inseguridad porque nos han dicho que los líderes tenemos la obligación y responsabilidad de saberlo todo, por eso somos líderes, por tanto, reconocer que alguien sabe más que yo es reconocer su superioridad, mayor madurez o, simplemente, mayor dominio de un campo determinado de conocimiento o experiencia. Inseguridad, porque si admito que el otro sabe más que yo, reconozco que soy vulnerable, ignorante y no sé todo lo que se supone que un líder debería saber.\n\nAdmito que es un problema espiritual y como tal debo tratarlo. Me doy cuenta que cuando he sido capaz de reconocer mi orgullo e inseguridad delante del Señor, he sido capaz de relajarme, escuchar, aprender y ser bendecido. Dios me ha enseñado muchas cosas significativas a través de mis pares y de personas que estaban por debajo de mi responsabilidad o, en lo que yo consideraba, ser un nivel inferior. \n\nPor el contrario, me he privado de bendiciones porque no he sabido reconocer mi necesidad, mis carencias, mis limitaciones y la oportunidad que Dios me brindaba a través de otras personas. Sin duda mi vida espiritual sería más rica si hubiera sido más enseñable.\n\nSiento que he mejorado al respecto. Noto que es más fácil para mí reconocer que Dios puede enseñarme a través de cualquier persona, al margen de mi consideración hacia ella. Sin embargo, reconozco que la lucha sigue estando ahí, sigue siendo una realidad y es probable que lo siga siendo siempre, ya que el orgullo y la inseguridad siempre estarán presentes, dispuestos a controlarme en mi vida. \n\n\nMI ORACIÓN\n \nSeñor, bien conoces mi inseguridad y mi orgullo. Tú sabes la tremenda lucha espiritual que he de afrontar en tantas situaciones en que yo, el líder, debo de someterme a la posibilidad de que otros quieran enseñarme, exhortarme, capacitarme.\n\nSeñor, muchas veces he perdido oportunidades que venían directamente de ti, simplemente a causa de mi falta de enseñabilidad. Han sido muchas las veces que has querido suplir mis carencias, debilidades y necesidades y, sencillamente, no lo he permitido porque no he querido reconocer la autoridad del que tú querías usar.\n\nSeñor, ayúdame a ser más y más enseñable. Ayúdame a saber reconocer en otros, instrumentos que deseas usar para ministrarme. No permitas que mi orgullo e inseguridad me conviertan en un necio del que no haya esperanza.\n \n\nTU REFLEXION\n \n1.¿Te consideras una persona enseñable?\n2.¿Cómo reaccionas cuando hay personas que enseñan o capacitan en áreas que tú no habías pensado, no habías tomado en consideración o, simplemente desafían tus planteamientos e ideas previas?\n3.¿Piensas que la falta de enseñabilidad es un pecado, por qué? Justifica tu respuesta\n4.¿Qué te impide ser enseñable?\n\n\nEL PERSONAJE\n\nRoboam es un claro ejemplo de una persona poco enseñable. El pasaje del primer libro de Reyes nos explica muy claramente la situación que tenía que enfrentar.\n\nLos últimos años del reinado de Salomón no habían sido muy buenos y el pueblo sufría de una excesiva presión fiscal por parte de la monarquía.\n\nHabía un problema serio que podía poner en peligro la estabilidad del país e incluso la continuidad de la dinastía. Los ancianos de Israel y Judá hicieron saber al joven monarca la situación y las posibles consecuencias que de la misma, si no se producían cambios, podrían derivarse. \n\nSin embargo, por una clara cuestión de orgullo, Roboam no quiso escuchar el consejo de los ancianos y prefirió seguir el de aquellos que le dijeron lo que quería oír.\n\nLos resultados fueron desastrosos para él personalmente, para su dinastía y para el pueblo escogido, que nunca más volvió a recuperar el esplendor de los días antiguos. Todo ello a causa de la nula enseñabilidad de un líder.'