El Príncipe Besó a una Rana
Existe un enorme Reino hecho de oro con muros de jaspe, con puertas de esmeralda, con cimientos de zafiro, de ágata, de ónice y de toda clase de piedras preciosísimas. \n\n Los seres que lo habitan son bellos y puros, como lavados con agua sagrada. Pero su Rey es más hermoso que todo lo que haya existido jamás, nada vivo o inerte o que haya de surgir podría compararse con este Rey glorioso. El Rey de Reyes tiene un Hijo, igualmente bello y poderoso, el cual ha heredado todo lo que su Padre tiene. Uno de los más magníficos legados que el Rey le ha dado es la sabiduría, la más grande del universo; de su boca proviene toda la inteligencia. \n\n El Príncipe quería tener una compañera, una linda novia con quien desposarse y compartir las riquezas del Reino de su Padre. Muchas doncellas de las afueras del Reino querían ser escogidas por el Príncipe, por lo que cada una trataba de llegar hasta Él de mil maneras. Unas cubrían su fealdad con mucho maquillaje, sin saber que el Príncipe miraba más allá de lo aparente. Otras escotaban sus vestidos, creyendo que con sensualidad y provocaciones lograrían que Él desechara sus justos principios. \n\n Algunas se acercaron a Él fingiendo inocencia, sin saber que el Príncipe podía ver la maldad de sus corazones. Otras le hablaban con versos filosóficos y palabras elocuentes, ignorando las falacias que decían. ¡Oh pobres doncellas, si tan sólo hubieran rendido su corazón al Príncipe! ¡Oh desdichadas, si tan sólo hubieran desnudado sus almas de mentiras y máscaras!\n\n Cierto día, el Príncipe se despojó de sus majestuosos trajes y salió de su Reino. \n\n Muchos se turbaron por ello, preguntándose el por qué el Príncipe del más alto linaje arriesgaría su vida en las afueras del Reino exponiéndose al vituperio de sus enemigos. \n\n Pero El sabía muy bien lo que estaba haciendo: buscando aquella doncella, a la que amó antes de conocer, a la que amó desde el principio. El Príncipe se vistió de siervo, dejó a un lado su gloria, se ensució el rostro con el turbio ambiente de la aldea. Muchos no le reconocieron, por lo que lo insultaron y golpearon sólo por envidia de su belleza y por el poder de sus palabras. Él, humildemente, perdonándolos por su ignorancia, continuó su camino, consciente de lo que hacía.\n\n El Príncipe se entregó a la selva y a la oscuridad de ésta, lástimando su carne en las espinas, siendo presa de un sinfin de manos tenebrosas; lejos de su majestuoso Reino. Y todo lo soportó por amor a ella. \n\n Caminó entre las sombras hasta que llegó al fango y metió sus reales y finísimas manos en ese lóbrego cieno. Con todo el amor de su alma levantó del fango una trémula y sucia rana, fea y moribunda. La abrazó con tanta ternura que la rana se derretía en la dulzura de tan grande abrazo. La ranita no entendía ese amor tan sublime, tan inigualable. Ella lloró al recordar la horrible causa de sus feas verrugas: un día se dejó engañar por las mentiras de la malvada bruja y accedió a tomar la pócima que le robó su hermosura de doncella y la inocencia de su corazón, transformándola en una escuálida rana llena de manchas, hundiéndola en la oscuridad del fango. A ella le dolió hasta lo más profundo del alma el recuerdo de su error y se sintió el ser más indigno de tan sólo una mirada del Príncipe, pero Él no se acordó de lo pasado, y más tiernamente la abrazaba.\n\n El momento que ahora todos comentan de esta historia, es cuando el Príncipe besó a la rana y le dijo con la inmensidad de su corazón: “TE AMO” y ella se transformó en la más hermosa de todas las mujeres, dejando atrás su triste condición de rana sucia y verrugosa. Ella se sintió tan feliz como nadie lo ha sido jamás. La nueva doncella lloró a los pies de nuestro Príncipe y El la levantó delicadamente, tomándola de nuevo entre sus poderosos brazos y la llevó consigo al Reino de su Padre. \n\n Cuando atravesaron la aldea, todos se maravillaron al ver tan hermosa pareja, que pasaba enamorada, danzando alegremente. Pero lo que más los impactaba era la potente voz del novio que cantaba:\n\n “He aquí tú eres hermosa, amiga mía; he aquí eres bella; tus ojos son como palomas. Hermosas son tus mejillas entre los pendientes, tu cuello entre los collares. Dulce es la voz tuya y hermoso tu aspecto. He aquí que tú eres hermosa; tus cabellos como manada de cabras, tus dientes como manada de ovejas trasquiladas que suben del lavadero, tus labios como hilo de grana; tus mejillas como cachos de granada; tus pechos, como gemelos de gacela, que apacientan entre lirios. Toda tu eres hermosa, amiga mía, y en ti no hay mancha. Prendiste mi corazón, amada mía; has apresado mi corazón con uno de tus ojos. Como panal de miel destilan tus labios; miel y leche hay debajo de tu lengua. Aparta tus ojos de delante de mí, hermosa mía, porque ellos me vencieron. Muchas son las doncellas, mas una es la paloma mía, la perfecta mía, mi escogida. Como el lirio entre los espinos, así es mi amiga entre las doncellas.” \n\n Cuando llegaron al Reino hicieron un banquete, la fiesta más grande que jamás se haya hecho ni se hará, celebrando la boda del Príncipe con su amada. A Él se le restauró la posición que tenía antiguamente y ahora es aún más hermoso, y ante su nombre todos se postran, ya que se admiran de lo que el glorioso Príncipe hizo por aquella rana; por aquella doncella que se había perdido. A ella se le atavió preciosamente, concediéndosele que se vistiese con el vestido del lino más fino, limpísimo y resplandeciente. Pero lo más bello que ella tiene es una sonrisa única, porque es feliz al lado de su amado, quien la rescató de la inmundicia. Ellos se gozan todos los días en sus amores y nunca se acabará este gozo, porque su amor trasciende la muerte. Y serán felices por siempre.'