Llamados a Perdonar y Restaurar
Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados. (Miqueas 7:19)\n\nTenemos un Dios Perdonador\n\nSucede que muchas son las veces que pecamos, aun inconscientemente, y Dios nos perdona. Dios nos perdona de una manera tal que nunca más se acuerda de nuestro pecado por muy terrible que éste sea. Porque Dios se deleita en misericordia (Miqueas 7:18b). No importa cuan terrible sea nuestra falta, si venimos arrepentidos a sus pies pidiendo perdón con corazones humildes, somos perdonados y comenzamos a ser restaurados.\n\nSin embargo nos negamos a perdonar. No sólo al que nos ofendió, nos traicionó o simplemente pecó de alguna manera contra nosotros, sino a nosotros mismos. Cuando cometemos un error, a veces no nos perdonamos a nosotros mismos. Dios nos perdona y sin embargo nosotros no, esto es un obstáculo para la restauración de nuestras vidas. También pasa que un hermano cae de la gracia, pero se arrepiente en su corazón y es perdonado por Dios, y no lo perdonamos. Para nosotros es alguien que ya no tiene derecho a ser partícipe de la familia en Cristo y lo discriminamos. Dios no quiere esto porque esa no es su naturaleza ni su propósito. Desde la caída en el huerto Edén, cuando aquella pareja pecó, automáticamente ya el Señor comenzó la restauración.\n\nEn la parábola del hijo pródigo, el Señor ilustra de una forma su deseo de perdonar y restaurar a sus hijos; San Lucas 15:\n\n\n(11) También dijo: Un hombre tenía dos hijos; (12) y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. (13) No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.\n\n(14) Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. (15) Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. (16) Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. (17) Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! (18) Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. (19) Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. (20) Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.\n\n(21) Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. (22) Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. (23) Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; (24) porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.\n\n(25) Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; (26) y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. (27) Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. (28) Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. (29) Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. (30) Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo.\n\n(31) Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. (32) Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. \n\n--------\n\nNo queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. (2 Pedro 3:9) \n\n\nEl Llamado\n\nDios nos llama a perdonar y restaurar a aquellos que cayeron y desean levantarse. Porque sin perdón no puede haber restauración. El evangelio es de salvación y no de condenación. Por eso no podemos estar indiferentes cuando un miembro nuestro se aleja de la iglesia por algún motivo, porque hoy es él o ella, pero mañana podemos ser nosotros. Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.( 1 Corintios 10:12)\n\nNo podemos estar indiferentes cuando un siervo resbala y cae, tenemos que estar prestos a ayudarlo de la manera que esté a nuestro alcance. Nosotros somos los labios, los brazos y las manos de Dios en la tierra. Muchos están necesitados de un consejo que les ayude a encontrar el camino de regreso, o una palabra de aliento, o sencillamente tan sólo un abrazo. Y al Padre le ha placido darnos el privilegio de ser usados por él en este mundo para sanar, consolar, restaurar a los caídos.\n\nIlustración\n(Nos escandalizamos cuando nos enteramos que un líder cayó en pecado, nos escandalizamos cuando cae un siervo o una sierva de Dios. Y hay muchos que se alegran cuando en realidad debían dolerse. Porque no es fácil servir a Dios, es una guerra constante contra el enemigo, y él se defiende y ataca también.)\n\n\nUn hombre le dijo a un gran predicador:\n\n- Hacer lo que hace, debe ser la cosa más maravillosa del mundo. Ver centenares de personas tocadas por su palabra, ver cómo la gente se salva y se sana por el poder de Dios que se mueve a través de usted.\n\n- No es precisamente así. Es como la guerra. ¿Dónde matan más soldados? En el frente de batalla, donde el enemigo está más cerca. Es la guerra... El predicador que ataca en territorio del enemigo, está todo el tiempo bajo su fuego...recibe heridas y algunos somos destruidos.\n\nPor eso, si conoces a alguien que en otro tiempo se gozaba a tu lado en el templo y hoy no está, ve en busca de él o ella. Si sabes que tu hermano está herido, ve cura sus heridas y véndaselas porque te necesita.\n\nSi alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados. (Santiago 5:18)\n\nSeamos sensibles a la necesidad de nuestros hermanos, de ser restaurados.'