Mi Gran Tesoro

Recuerdo cuando era un niño, tendría como unos 12 años, cerca de mi casa había una vieja casucha donde vivía don Manolo, el cual hacia ya unos años había enviudado. Aquel viejo hombre era alto y se veía bastante robusto a pesar de su edad. Recuerdo que muchas veces se sentaba en su balcón donde nos miraba jugar, cuando los muchachos del barrio y yo jugábamos pelota. De mi parte aquel anciano me llamaba la atención, pues siempre tenía una gran sonrisa e inspiraba paz. Muchas veces pasaba junto a su casa y me sentaba junto a él en su balcón donde podía estar horas escuchándolo hablar de sus historias de cuando era muchacho, de cuando fue a la guerra.\n\nUna tarde Don Manolo me pidió que lo ayudara a mover un viejo baúl. Así que tal como me lo pidió lo hice, le ayude ponerlo en su habitación al pie de su cama. Les confieso que me llene de curiosidad y le pregunte a Don Manolo ¿qué hay en ese viejo baúl, por que lo que quiere al pie de su cama? Y él me contesto: hay muchacho es que ya estoy viejo y hasta caminar ya me cuesta, además así podré tener mas cerca mi gran tesoro y cada mañana lo podré contemplar y solo el día que pueda llevármelo conmigo podré ir a descansar. Algún día te contaré esa historia mi hijo. Aquella curiosidad aumento mas mi curiosidad, así que con mas frecuencia visitaba a Don Manolo para saber que había en aquel baúl. Pero mi curiosidad no era satisfecha. Así que como todo chico, me ingenie un plan para saber que había en aquel baúl. Descubrí que de los tantos agujeros que tenia la vieja casucha había uno pequeño que conducía al cuarto de Don Manolo. Desde entonces cada mañana me asomaba por aquel pequeño agujero para mirar a Don Manolo. Durante un buen tiempo observe que cada mañana aquel anciano se paraba frente aquel viejo baúl, levantaba la tapa y tomaba lo que supuse era su gran tesoro, pues aquel pequeño agujero no me permitía ver bien lo que le tomaba. A veces le hablaba cosas que no podía escuchar, otras veces simplemente le miraba fijamente y en otras ocasiones sollozaba mientras lo ponía sobre su pecho. Hubo una mañana que fue diferente a todas las demás esa mañana me levante un poco más tarde de lo usual y al percatarme del tiempo, salí corriendo hacer mi tarea de cada mañana. Para mi sorpresa Don Manolo aun no se había levantado así que espere que se levantara pero no lo hizo de repente me llene de temor y fui hasta su puerta; comencé a llamarlo pero no respondía, ya asustado salí corriendo hasta mi casa papá, papá don manolo no me responde, algo sucede mi padre me acompaño hasta la casucha y de un tirón abrió la puerta yo me apresure hasta la habitación comencé a llamar y jamaquear a Don Manolo pero él no despertó. A la mañana siguiente la casa estaba llena de gente y Don Manolo yacía en una caja de madera. La verdad es que estaba triste pues le había tomada cariño a aquel anciano. Cuando todos estaban distraídos me escurrí hasta la habitación de Don Manolo al entrar asegure la puerta y como lo hacia aquel anciano cada mañana me puse frente aquel baúl. Estaba nervioso y hasta ansioso así que con manos temblorosas levante la tapa. Para mi asombro en aquel baúl solo había vieja ropa pero sobre de ella había vieja ropa pero sobre de ella había pequeño cofre; al abrirlo había una foto de un joven sonriendo y una carta con fecha de hacia ya dos días. Abrí el sobre saque la carta y comencé a leer.\n \nQuerido Viejo\n\nEspero que al recibir esta carta estés bien. Viejo, sé que ha pasado mucho tiempo desde la ultima vez que te escribí. Sé que todos estos años sin mi viejita no han sido fáciles para ti. Hay papá como quisiera estar junto a ti y poder decirte lo que hoy te escribo en esta carta. Viejito, quiero pedirte perdón por todos estos años que te he causado dolor. Sé que no he sido un buen hijo, pero en cambio viejito mío tu siempre has estado allí cuando te he necesitado. Sabes aun recuerdo las palabras que me decías cuando era muchacho, que fuera un hombre de provecho, que siempre hiciera el bien, que el mundo no ofrecía nada bueno que solo en Jesús podría hallar la felicidad y la salvación. Que mucha razón tenias viejo pues allá afuera solo encontré vanidad, dolor, soledad y desprecio. Ahora que me encuentro aquí en esa cruel y fría prisión entiendo tus palabras viejito. Pero sabes a pesar de todo hiciste un buen trabajo pues aquellas palabras nunca las olvide y aunque ya se acerque el momento de pagar mi error, con mi muerte pude conocer a Jesús y hoy puedo decir que él es mi libertad; viejo tu trabajo esta hecho, pues yo tu hijo se ha rendido a los pies del maestro y hoy puedo decir que soy feliz. Padre mío, mi viejo gracias por tus incesantes oraciones por mí, por tus palabras, por tu amor y compresión pero sobretodo por enseñarme que solo en Jesús hay salvación. Nos veremos en el cielo!\n\nDios te Bendiga\nTu hijo que te amará siempre\nManolo Jr\n\nUn poco aturdido por aquellas palabras, cerré la carta y junto a la foto la puse en mi bolsillo, cerré la puerta del baúl y salí de aquella habitación. Aunque en aquel momento no entendí el contenido de aquella carta con el pasar de los años, hecho hombre y padre comprendí que el gran tesoro de aquel anciano no era oro, ni plata si no era su único hijo y que aquella mañana en donde Don Manolo fue a descansar fue el día que pudo llevar junto con él su gran tesoro por la eternidad.'
Scroll to Top