Un Perro y la Botella Salvadora

Eran los primeros días de agosto del 2003, y Brian Besler se sorprendió al ver a su perro “Ben” correr velozmente hacia él y dejar en el piso una botella plástica. El granjero inglés miró dentro de ella y encontró un cartón con algunas palabras garabateadas en la que alguien pedía auxilio. Brian entendió que la situación era apremiante y acompañó a “Ben” hacia una granja abandonada. Allí vio una escena desesperante, se trataba de un vagabundo, de 55 años, que se había instalado en una casona abandonada y yacía en el piso debido a un ataque de asma. El indigente había estado una semana sin comer y al verse inmovilizado por el ataque escribió una nota, y la colocó dentro de esa botella de plástico que más tarde “Ben” llevara a su dueño. Según las palabras de un paramédico “si el perro no llevaba esa nota, este hombre habría muerto en menos de dos días”. \n\nCuando leemos noticias como esta, nos rascamos la barbilla y decimos: ¡¡qué bárbaro, qué buen perro!!. Pero por un momento pensemos en lo que hubiera pasado si Brian, en vez de leer lo que había dentro de la botella, la tiraba al tacho de basura o si la leía y la descartaba por considerarla una broma o una trampa. Es lo que muchas veces sucede en la vida diaria, pues vivimos enfrascados en nuestros propios intereses y no nos damos cuenta de cuantas señales de auxilio recibimos en botellas plásticas.\n\nJesús se encontró en una oportunidad sentado frente a un pozo y allí apareció una mujer de Samaria con un cántaro vacío sobre su cabeza. Ese cántaro traía debajo de sí un mensaje de auxilio. Sí, el mensaje era la misma mujer. Juan capítulo 4 nos presenta esta botella plástica que Jesús logró destapar, el mensaje que logró descifrar y la ayuda que logró desplegar. Ese mensaje venía envuelto en varias capas de barro: la indiferencia (v7), la indignación (v9), la ignorancia (v10), la incredulidad (v12), y la impureza (v17). Pero el divino Maestro supo interpretar el S.O.S. y poco a poco fue quitando las capas de resistencia y esta mujer que primero había visto en el Señor a un judío (v9) y luego a un profeta (v19) terminó viendo en él al Mesías, el Cristo (v29). Como resultado la samaritana volvió corriendo a la ciudad, con gozo, porque había encontrado al Salvador prometido por los profetas... pero volvió sin su cántaro, pues éste había quedado olvidado a los pies de Jesús.\n\nSi miramos con detenimiento a nuestro alrededor podremos descubrir personas, que aunque superficialmente sean ásperas, están gritando por ayuda: una esposa que atiende agriamente a su esposo, un esposo que públicamente rebaja a su cónyuge, una crítica injusta que recibimos de un compañero de trabajo, una frase de sarcasmo que en tono irónico nos zampan en la cara, la indiferencia en un ser querido de quien quisiéramos recibir aprecio, un comentario ofensivo de un hermano que nos lastima, un vecino que siempre está enojado con todos... y la lista podría seguir y seguir; pero recordemos, allí puede haber un mensaje de auxilio, esperando a ser descubierto, entendido y respondido. ¿Y qué hacer para desplegar la ayuda? Así como lo hizo “Ben” debemos llevar el mensaje a nuestro Dueño, acercarnos al herido para mostrar el carácter de Jesús y ayudarle. \n\nLuis había llegado a la casa de su mejor amigo a pedirle de malas maneras un abrecartas que le debía hace años. Jorge quedó sorprendido por la forma que su amigo le trató, así que le dio el abrecartas y le pidió que no lo molestara más y que no se preocupara pues nunca más le pediría nada. Su declaración se hizo realidad, pues al otro día Luis fue encontrado muerto en su habitación, desangrado y con el abrecartas en su mano. \n\nJorge lloraba y se repetía en voz alta ¿por qué no entendí lo que me estaba pidiendo?. Sí, Luis le pedía auxilio no un viejo abrecartas.\n\nEl vagabundo habría muerto si el dueño de “Ben” no actuaba en ese momento. ¡Y quien sabe lo que puede suceder si no ayudamos a quien nos ha dejado un mensaje dentro de una botella, bajo un cántaro o en un usado abrecartas! El que tenga oídos para oír, oiga.\n \n(HAG) \n\n\nArtículo publicado por el autor en la revista bimestral “La Lámpara”'
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