El Secreto

Tú también tienes secretos no lo niegues, todos tenemos secretos. Cada uno de nosotros tiene su cuarto obscuro en el que depositamos las cosas que no queremos que otros conozcan. Claro que no siempre son nuestros secretos tan secretos como quisiéramos pensar. Hay más de uno que se está esforzando en ocultar algo que es ya de público conocimiento sin darse el cuenta. Más de una vez la confidencia de un amigo o el desliz de un niño nos hace ver cuan pocos secretos son los secretos.\n\n Ocasionalmente lo secreto oculta algo generoso, una ayuda anónima, un gesto abnegado, o algo así. Pero la lamentable verdad es que a la obscuridad de lo secreto van a parar generalmente las cosas vergonzosas: las traiciones de confianza, las actitudes egoístas, las infidelidades; en fin todo aquello que nos puede mostrar como indignos de confianza o incapaces de asumir responsabilidad. Pensamos que ocultándolos en el secreto, ninguno de estos hechos o actitudes volverá a la superficie de nuestra vida para avergonzarnos o exigir enmienda, y nos engañamos.\n\n Cierto es que no se puede negar que podamos con éxito ocultar algo de nuestro pasado. Pero la verdad es que el secreto siempre saldrá a la superficie de una u otra forma. Por una parte, aun el más profundo secreto que guardamos de otros no es secreto para nosotros. Y su presencia envenena nuestra vida haciéndonos más temerosos y desconfiados. Por otra parte, lo secreto para el prójimo es totalmente transparente para Dios. Tú estarás pensando: “¿y que tiene que ver Dios con el secreto?” ¡Mucho! Es que Dios afirma que él, a su debido tiempo, va a hacer los secretos visibles ante todo el mundo. Jesucristo, el Hijo de Dios, dijo lo siguiente: “guárdese de la hipocresía. Porque nada hay encubierto que no haya de descubrirse, ni oculto. Que no haya de saberse” (Lucas 12:1-2)\n Palabras dignas de ser tenidas en cuenta, sin duda. \n\nHace un par de años un amigo pudo ver a un artista haciendo un retrato en tiza luminosa. Y el amigo contó que El cuadro iba mostrando una joven bella y sonriente. Pero cuando el cuadro estuvo listo, se apagaron todas las luces del salón en el cual se encontraban ellos, quedando solamente las luces del tablero del artista encendidas. Y también estas luces cambiaron súbitamente, permaneciendo encendida solamente la llamada “luz negra”, que no ilumina, pero que si hace resplandecer la tiza luminosa. Y esta “luz negra” reveló algo que el artista había hecho en secreto. En lugar de la joven bella y alegre apareció un rostro furtivo y angustiado. ¡Lo secreto había sido revelado!\n\n Cuando la luz de Dios caiga en el día final sobre nosotros, revelará también nuestros secretos. Cuanto más negros y ocultos tanto más resplandecerán delante de todos los hombres. Esta verdad nos indica entonces que guardar lo malo de nosotros en un compartimiento secreto es un proceder superficial y peligroso. Lo que nosotros necesitamos no son secretos. Es perdón.\n\n Y por eso vino Jesucristo al mundo. Para vivir y morir en forma tal que lo malo de nosotros pudiese ser perdonado y pudiese dejar de torturarnos. Así lo afirma Juan, el discípulo predilecto de Jesús:\n“Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados y también por los de todo el mundo”. Y donde Dios perdona, toda traza del mal desaparece. Él mismo lo afirma. Nota las siguientes palabras:\n\n “Yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo y no me acordaré de tus pecados” (Isaías: 43:25).\n\nHabiendo un perdón así, el secreto se muestra como algo destructivo. ¡No le des cabida en tu vida!'
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