Gatillo Fácil, Cristiano Difícil

Hay una ley de la física, la tercera ley de Nerwton, llamada “ley de acción y reacción” en la que se grafica que la misma fuerza que se dirige en un sentido se refleja o rebota en el sentido contrario. Es el ejemplo de la pelota de basquet que “rebota” contra la pared. Lo mismo ocurre con la conducta humana, muchas veces cuando nos hacen algo, reaccionamos de maneras diversas pero por lo general nuestra reacción supera a la acción recibida. Y como ya se ha dicho “la violencia genera más violencia” y es así que llegamos a lo que los medios de comunicación han popularizado como “el gatillo fácil”.\n\nEl “gatillo fácil” no es de interpretación fácil, pues en el momento en que una persona se halla bajo presión puede responder de maneras insospechadas y si a esto se le suma la violencia creciente en los asaltos y crímenes, se crea el ambiente óptimo para que policías no preparados para estas situaciones reaccionen de la manera descripta en los noticieros.\n\nMe pregunto ¿y qué de los cristianos gatillo fácil? Sí, de aquellos que reaccionan excesivamente ante una determinada situación y terminan destruyendo relaciones, testimonio, y oportunidades. Tal vez usted como yo hemos sido protagonistas de reacciones que han sobrepasado lo esperado y en vez de hacer justicia hemos cometido una injusticia mayor. \n\nAl mirar en la Palabra de Dios vemos muchos casos de “gatillo fácil” o mejor dicho “espada fácil”: Caín, Saúl, David, y podríamos seguir; pero nos detendremos en un par de ellos. En el Antiguo Testamento aparece la “espada fácil” de Moisés, quien viendo a un egipcio maltratar a un judío reaccionó excesivamente matándolo y creyendo que nadie lo observaba lo enterró en la arena. Al día siguiente cuando quiso mediar entre dos israelitas escuchó la acusación ¿quién te puso como juez? ¿acaso me vas a matar como hiciste ayer con el egipcio?. Y al ser descubierto huyó y su “gatillo fácil” le llevó al desierto y 40 años de soledad apacentando las ovejas de su suegro. Su buen nombre había quedado manchado. Pues, quien tenía todas las condiciones para librar a Israel de Egipto, quedó descalificado en su primera intervención. Y ¡cuántos pueden sentirse identificados con este Moisés! Hay hombres de Dios que son más recordados por “ese día” y “ese momento” en que actuaron en la carne, y dieron rienda suelta a su enojo, que por el fructífero ministerio que tienen; y así un solo acto sepultó su buen nombre. \n\nNo menos importante es la figura en el Nuevo Testamento de Pedro, con su feroz participación en el Huerto de Getsemaní. Allí estaban los guardias del templo que apresaban a su Maestro, era el momento donde debía poner a prueba la mansedumbre enseñada por Jesús. Y mientras Malco, un siervo del Sumo Sacerdote, se acercaba para apresar a su Señor, las manos de Pedro se cerraron sobre la empuñadura de una daga. Y en un destello de impulsividad, le cortó la oreja al desprevenido guardia. ¡Cuantas veces nos parecemos a Pedro!, pues nuestras reacciones sin pensar pueden cortar orejas y provocar sordera espiritual. ¿Lo ha visto alguna vez? Tal vez lo haya protagonizado. ¿¡Podemos predicarle a quien le hemos hecho daño con nuestro enojo fuera de control!?. El gatillo fácil en el área espiritual afecta a nuestro prójimo.\n\nPero quedarnos con el recuerdo de la ira del pasado, de fama sepultada en la arena u orejas del testimonio cortadas, no es la historia completa. Y no es hacer honor a los hombres de Dios como el libertador Moisés o el apóstol Pedro; ni tampoco es el fin de la historia de nuestra experiencia como cristianos. Pues ese mismo Moisés fue considerado después, por Dios, como el hombre más manso de la tierra. Y ese mismo Simón fue el Pedro restaurado e inyectado con el poder del Espíritu Santo que pudo hablar ante miles de personas experimentando el gozo de ver a miles arrepentirse y aceptar a Cristo. Moisés recuperó el buen nombre y Pedro los oídos de los judíos. Y si hemos actuado fuera de control, si hemos dado rienda suelta a nuestro espíritu volcánico y somos cristianos “gatillo fácil”, Dios quiere y puede cambiar la historia. Pero es necesario el desierto, la confesión y las lágrimas ante el Señor. \n\nRecuerda que “como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda” pero a los tales Jesús dice “aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Cada herida que hayamos realizado no será gratuita, habrá consecuencias inevitables, pero hay esperanza. Pues ¡Dios puede transformar el arma del gatillo fácil en un instrumento para su gloria!'
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