Tímidos y Avergonzados del Evangelio
¿Extrañado de leer esto aquí? Lamentablemente es la realidad del cristianismo siglo XXI. -\"Para mí el evangelio es como el ají, me hace poner colorado\"- decía un joven, hablando de la vergüenza que le ocasionaba evangelizar. ¿Por qué esa vergüenza? Pablo tenía bien resuelta la situación, pues él decía “No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios” (Ro. 1:16). Su denuedo se basaba no en las características del mensajero, ni en la reacción de la gente, sino en el poder del mensaje. ¿Será que con el andar del tiempo el evangelio perdió su poder? ¿O será que el mundo necesita otra cosa para prestarle atención al mensaje de Dios? Este es un mundo muy competitivo y desafortunadamente el evangelismo contemporáneo ha entrado en ese mismo mercado para ofrecer su producto. Por eso es que tenemos vergüenza, porque el producto que ofertamos no da los dividendos inmediatos que produce el pecado; y entonces cada vez mas los evangelistas se perfeccionan en el uso de medios atractivos para captar la atención de los pecadores.\n\n¿Cuál era el evangelio que predicaba Pablo? La carta a los Romanos es el mejor manual de evangelismo. Allí dice que no se avergüenza del evangelio pero ¿de cuál? ¿del evangelio de los regalos? NO, él habla del evangelio que expone la culpabilidad de todos; del evangelio que confronta al hombre con los 10 mandamientos, y lo declara culpable. No un evangelio que suplica sino uno que manda: “este Dios ahora manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan”(Hch. 17:30). Este es el evangelio de Jesús, los apóstoles y Pablo... el evangelio del arrepentimiento. ¿Habrá cambiado el mensaje para hoy? Si no hay arrepentimiento no hay perdón. El evangelismo de poder es el que lleva en una mano un espejo y en la otra al Salvador. Un espejo donde el hombre se ve así mismo sucio, manchado por el pecado, y que declarándose culpable por haber ofendido a Dios se quebranta y pide la salvación. Leamos detenidamente Romanos y veremos que antes del monte Calvario está el monte Sinaí, que antes del regalo está la demanda, que antes de la gracia viene la ley, que antes del perdón viene la culpa, que antes de la conversión viene la convicción de pecado.\n\n¿Hemos notado el trueque verbal que se hace en el púlpito? En vez de decir “infierno”, “lago de fuego”, “lloro y crujir de dientes”, se usa la palabra general “condenación o castigo”; en lugar de decir “Satanás”, “diablo”, “Lucifer”, se dice “el enemigo”; en vez de mencionar los pecados en forma específica, usando cada uno de los 10 mandamientos para que el Espíritu Santo provoque convicción de pecado, se habla del pecado en forma general. \nEl evangelio en Romanos, según Pablo, es el que recién habla del amor de Dios en el capítulo 5 y versículo 8; luego de pasar por 119 versículos hablando de pecado, culpa, ley, arrepentimiento y fe. Es el evangelio que nombra pecado por pecado, y lleva a la conclusión que ante Él somos inexcusables. La culpa se declara sobre los ateos, sobre los inmorales y sobre los religiosos y ante cada clase de persona la sentencia es CULPABLE. Por eso Pablo no se avergonzaba porque les mostraba un espejo con una sentencia de muerte eterna. Les decía que estaban perdidos en sus pecados y hacía que ellos se vieran así; les ponía a las puertas del infierno, para que se vieran en el real estado espiritual en que estaban. Spurgeon decía “ellos deben ser esclavos por la ley antes de que sean libres por el evangelio”. Si no hay convicción de pecado no hay obra de Dios en el corazón, y podemos producir sólo decisiones, atando las manos a Aquel que produce conversiones.\n\nCuando compartimos este evangelio veremos que los pecadores primero se reirán, luego se pondrán serios y definitivamente quedarán marcados; muchos se irán, otros quedarán llorosos y tristes pero indecisos y algunos (sí, son pocos) se quebrantarán y arrepentidos clamarán por la salvación de sus almas. Si estás detenido ante este artículo es porque tiene pasión por las almas, y te interesa el evangelismo. No te quedes leyendo, sal a la calle a compartir este evangelio; sal a mostrar a Jesús pero por favor no te olvides del espejo.'