Un Escaparate por Evitar
Hay un hermoso poema en el que se describe la vida de una niña pordiosera, que todas las tardes se detenía frente a una de tienda de juguetes para mirar en el escaparate los juguetes, y entre todos ellos, una preciosa muñeca. Los ojos de la pequeña se extasiaban observando la carita angelical enmarcada por largos rizos dorados de aquel juguete que la hacía soñar. \n\nTodas las tardes acudía fielmente y casi con devoción, colocaba sus manitas sobre el cristal en un inútil intento por alcanzar aquel preciado tesoro. Sólo que una niña vestida con harapos y el cuerpo sucio, desde el punto de vista del dependiente, no era una buena propaganda para la tienda, así que harto de la presencia cotidiana de la niña, salió para exigirle que se retirara. \n\n—Déjeme —argumentó ella— tan sólo miro la muñeca—. El dependiente, despreciando a la indefensa niña, cruelmente le espetó. ¡No te das cuenta? ¡Jamás podrás comprar esta muñeca!\n\nLa pequeña se retira entristecida, para empezar el viejo pregón que a fuerza de repetirlo ha desgastado su garganta, su ánimo, su existencia. —Una limosna por el amor de Dios—. Pero esta vez está de buenas, un transeúnte conmovido por la presencia y el clamor de una pequeñuela se acerca conmovido y le entrega dinero suficiente para que esa noche pueda dormir en un hotel y comer por lo menos los días siguientes. Es una noche demasiado fría y la niña no puede creer lo que tiene en sus manos, es demasiado dinero. Ella corre desesperada por diversas calles, hasta llegar a la tienda. \n\nEl dependiente al verla, no puede evitar hacer un gesto de disgusto que se borra como por arte de magia cuando la pequeña le extiende el dinero. Por cierto, mucho dinero, más de lo que vale la muñeca, pero el dependiente no es honesto, su negocio es ganar dinero y la honestidad es un estorbo.\n\nAl otro día, los periódicos difundían la noticia del hallazgo en el quicio de una puerta, del cadáver de una niña, abrazada a su muñeca. \n\nEn ocasiones, sucede lo mismo con nosotros, nos pasamos la vida observando el escaparate del mundo, y nos extasiamos mirando luces brillantes, colores fascinantes. El mundo es subyugante y ofrece noches fantásticas, las drogas, el alcoholismo, el sexo, lascivia, etc. Y el maligno se encarga de repetirnos todo el tiempo que somos despreciables, que lo que ofrece es demasiado para lo que podemos adquirir, señala siempre nuestros harapos, se encarga de recordarnos que somos poca cosa, porque es mentiroso y padre de mentira. \n\nHasta que un día, Jesús nos encuentra y nos entrega el don de la salvación, de una vida nueva. Dios no permita que regreses a aquel escaparate para cambiar lo que has recibido por una tontería. Recuerda que el mundo pasa y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. Y el reino de los cielos se hace a fuerza, y sólo los valientes lo arrebatan.'