Tomás, el Dilema de la Fe III

“Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mis dedos en el lugar de los clavos, y metiere mis manos en su costado, no creeré” (Jn. 20:25) “Señor mío y Dios mío” (Jn. 20:28)\n\n3) Lerdo para creer . Si hay una declaración de incredulidad más grande y de fe más grande entre los discípulos, éstas se encuentra en la misma persona... Tomás. Para creer la resurrección pidió ver y palpar “las señales” pero creyó que Jesús es Dios sólo con ver marcas. Como dijera John Boys “reconoció la divinidad que no veía por las heridas que sí veía”.\n\nTomás no estaba con ellos. Fue la ausencia en ese domingo de resurrección, la que preparó el terreno para su incredulidad. Un hermano hizo una planilla de asistencia, con 4 columnas (lectura, ocasión, asistencia, observaciones) y al llenarla descubrió y describió las bendiciones del compañerismo cristiano que aprovechó Tomás y las que se perdió al no estar con el grupo. ¿Qué sucede cuando no nos congregamos? El barómetro de nuestra fe baja y el termómetro de nuestro orgullo sube. Mírelo a Tomás, él dijo “no creeré” (fe baja) y más aún, estableció los requisitos para creer: ver y tocar (orgullo alto). Pero nada sucedió sino hasta la próxima reunión. ¿Estás fallando en tu fe? ¿sientes que te estás volviendo orgulloso? ... ¿cómo está tu asistencia a la iglesia local? Recuerda “allí envía Jehová bendición y vida eterna” (Sal 133:3) ¿crees esto? Entonces tu asiento no estará vacío y tu fe se fortalecerá.\n\nVer para creer. Muchos quieren poner a Dios en un tubo de ensayo, y buscan pruebas científicas acerca de lo que Él es y hace. Otros, que ya son discípulos del Señor, buscan experiencias sobrenaturales para creer que Dios se mueve en medio de su pueblo. El Señor nos dice como entonces “Bienaventurados los que no vieron y creyeron”.\n\nSeñor mío y Dios mío. La presentación de Jesús y sus palabras lo tomaron por sorpresa a Tomás. ¡¡Cuantas cosas habría ensayado en su mente decir, cuantas preguntas formular!! Pero todo su libreto se esfumó ante la visión maravillosa de la persona de su querido Jesús, nada sino la frase “Señor mío y Dios mío” brotó de su corazón. ¿Estás pasando momentos en que tu fe es enana y tu orgullo gigante? Dile entonces “Señor mío, y Dios mío me rindo ante Ti. Tú que eres el Autor y Consumador de la FE... aumenta mi débil fe. Y creo Señor y Dios, que aunque no te vea ni te toque, Tú estás conmigo y obrarás. Amén” Hazlo, querido hermano, y verás que lo que prometió Jesús es verdad “Tres veces felices son los que no ven y creen”.'
Scroll to Top