Cualidades Esenciales del Liderazgo

Extracto de capítulo 8 del libro\nLiderazgo Espiritual\npor Autor J.Oswald Sanders\n\n"Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidar de la iglesia de Dios?); no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera..."\n1 Timoteo 3:2-7\n\nJesús adiestró a sus discípulos de un modo espléndido para sus futuras misiones. Les enseñó por precepto y ejemplo; impartía su enseñanza “en el camino”. Jesús no les pidió a los doce que se sentaran y tomaran notas en un aula formal. Las aulas de Jesús eran los caminos de la vida; sus principios y valores, los recibieron en medio de la experiencia diaria. Jesús colocaba a los discípulos en internados (Lc. 10:17-24) que les permitían aprender mediante el fracaso y el éxito (Mr. 9:14-29). Les delegó autoridad y responsabilidad a medida que podían soportarlas. La enseñanza maravillosa de Jesús en Juan 13 al 16 fue el discurso de graduación para ellos.\n\nDios preparó líderes teniendo en cuenta el lugar y la tarea específicos. Los métodos de entrenamiento se adaptan a la misión, y los dones naturales y espirituales se otorgan con un propósito claro. Un ejemplo es Pablo, quien jamás podría haber realizado tanto sin un entrenamiento dirigido y el talento divino.\n\nDe forma similar, Dios preparó a Adoniram Judson para que fuera a Birmania como misionero pionero, y le dio a este líder extraordinario las cualidades necesarias para que diseminara el Evangelio en el subcontinente de la India: confianza en sí mismo equilibrada por la humanidad, energía restringida por la prudencia, el olvidarse de sí mismo, coraje, y pasión por las almas.\nSe ha descrito a martín Lutero como un hombre accesible, sin vanidad personal, y tan sencillo en su gusto que la gente se preguntaba cómo podía sustentar su vida con tan poco. Tenía sentido común, un humor juguetón, una risa ávida, era sincero y honesto. Agregados a esas cualidades, estaban su coraje, convicción y pasión por Cristo. No es extraño que inspirara una lealtad que tenía la fortaleza del acero.\n\nEl profesor G. Warneck describió a Hudson Taylor, el misionero pionero que fue a la China, con estas palabras: “Un hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, de rendición total a Dios y su llamado, de gran abnegación, maravillosa facultad de organización, perseverancia infatigable, y de asombrosa influencia con los hombres, además de una simplicidad pueril en su persona.”\n\nDios le dio a estos líderes dones y talentos que eran adecuados para la misión a la cual fueron llamados. Lo que elevó a estos hombres por encima de sus congéneres, fue el grado al que desarrollaron dichos dones mediante devoción y disciplina.\n\n\nDISCIPLINA\n\nSin esta cualidad indispensable, todos los demás dones quedan como enanos: no pueden crecer. Por lo tanto, la disciplina aparece primero en nuestra lista. Antes que podamos conquistar el mundo, debemos conquistar el ego.\n\nUn líder es una persona que ha aprendido a obedecer una disciplina impuesta desde afuera, y que luego ha adoptado una disciplina más rigurosa desde adentro. Los que se rebelan contra la autoridad y desdeñan la autodisciplina –que rehuyen los rigores y se alejan de los sacrificios– no califican para el liderazgo. Muchos que abandonan el ministerio tienen suficientes dones, pero tienen muchos aspectos importantes de la vida que flotan libres de control del Espíritu Santo. La persona que es haragana y desorganizada nunca se muestra capaz de enfrentar al verdadero liderazgo.\nMuchos que aspiran al liderazgo fracasan porque nunca han aprendido a seguir. Son como los muchachos que juegan a la guerra en las calles, pero todo está callado. Cuando se les pregunta: “¿Hay una tregua?” ellos responden “No, todos somos generales. Nadie quiere obedecer la orden de atacar.”\n\nDonald Berbhouse anotó con interés que la edad promedio de las 40 000 personas en la lista Who Is Who in America [Quién es quién en los Estados Unidos] –La gente que gobierna el país– era de menos de veintiocho años. La disciplina en la juventud que está dispuesta a hacer sacrificios a fin de adquirir la preparación adecuada para la tarea vitalicia, prepara el camino para las grandes realizaciones.\n\nUn gran estadista pronunció un discurso y cambió el curso de los asuntos nacionales. “¿Puedo preguntarle cuánto tiempo dedicó para preparar su discurso?” le preguntó un admirador. “Toda mi vida”, le respondió.\n\nEl joven con calibre de liderazgo trabajará mientras otros desperdician el tiempo, estudiará mientras los otros dormitan, orará mientras los otros sueñan despiertos. Los hábitos perezosos debe vencerse, ya sea en el modo de pensar, de obrar, o de vestir. El líder emergente se alimenta correctamente, se para recto, y se prepara para hacer una buena guerra. Sin renuencia emprende la desagradable tarea que otros evitan o el deber oculto que otros esquivan porque no produce aplausos públicos. A medida que el Espíritu llena su vida, aprende a no evadir las situaciones difíciles o alejarse de personas impacientes. Con mucha bondad y coraje administrará reprensión cuando sea necesario, o ejercitará la disciplina necesaria cuando los intereses del Señor la demanden. No obrará con dilación, sino que preferirá abocar las tareas más difíciles primero. Su oración será:
Señor, enduréceme contra mí mismo,\nEl cobarde con voz patética\nQue ansía reposo, descanso y gozo.\nYo mismo, arquitraidor de mí mismo,\nMi amigo más falso,\nMi enemigo más mortal,\nMi impedimento, dondequiera que voy.
\nPocos hombres fueron más fieles y valientes en dar reprensión amorosa o hablar francamente a las personas que Fred Mitchell, director británico de la Misión al interior de la China y presidente del directorio de la English Keswick Convention. Sensible y afectuoso, no esquivó una entrevista desagradable. Siempre habló con cariño, después de mucha oración. Pero sus palabras no siempre cayeron en oídos receptivos. En confianza, dijo de cuánto había sufrido cuando su fidelidad a Dios resultó en la pérdida de un amigo. Cuando llegó a los años de ancianidad, Fred pasaba aún más tiempo orando antes de hablar. A menudo, cuando necesitaba tratar un asunto de disciplina o dar un golpe cortante a los deseos de otros, prefería escribir una carta y luego guardarla por varios días. A veces, cuando la releía, se aseguraba de que tenía razón para enviarla, y la echaba en el correo. A veces destrozaba el borrador y escribía otra.\n\nCuando Thomas Cochrane, fundador del World Dominion Movement [Movimiento de Dominio Mundial], fue entrevistado para trabajar en el campo misionero, enfrentó esta pregunta: “¿Para qué puesto del campo misionero se siente llamado?” Cochrane contestó: “Yo sólo sé que desearía que el más fácil que pudiera ofrecerme”; la respuesta de una persona disciplinada.\nLytton Strachey describió a Florence Nightingale de la forma siguiente:
No fue por la bondadosa dulzura y abnegación femenina que ella pudo producir el orden del caos en los hospitales de Scutari, vestir al ejército británico con sus propios recursos, y diseminar su dominio sobre las filas apretadas y renuentes de las autoridades del mundo oficial; fue mediante la rígida atención al detalle, mediante la labor incesante, mediante la fija determinación de una voluntad indomable. Debajo de su sereno y tranquilo semblante había fuegos latentes, fieros y apasionados.
\nSamuel Chadwick, el gran predicador metodista y director del Cliff Collage, tuvo un inmenso impacto en su generación. Se levantaba a las seis cada mañana y se bañaba con agua fría, en verano o invierno. La luz de su estudio raras veces se apagaba antes de las dos de la mañana. Este estilo de vida riguroso era la expresión exterior de su intensa disciplina interna.\n\nDurante toda su vida, George Whitefield se levantó a las cuatro de la mañana y se fue a dormir a las diez de la noche. Cuando sonaba esa hora, se levantaba del asiento, no importa quienes fueran sus visitantes o de qué tema estuvieran hablando, y decía de buen humor a sus amigos: “Muy bien, caballeros, es hora de que toda la gente buena esté en casa.”\n\nBarclay Buxton del Japón, instaba a los creyentes a vivir vidas disciplinadas, no importa si trabajaban en el comercio o en la obra evangelística. Esto incluía disciplina en los estudios de la Biblia y la oración, en diezmar el dinero, en el uso del tiempo, en cuidar la salud mediante la alimentación adecuada y dormir, y en hacer ejercicios. Incluía el rigor de la comunión disciplinada entre los cristianos que diferían unos de otros de muchas maneras. [Estas] disciplinas de su vida, y sus instancias a otros, vinieron debido a la experiencia.\n\nEstos extractos de biografías personales ilustran lo que expresó un poeta desconocido:
Las alturas que los grandes hombres han alcanzado y mantenido\nNo se lograron por el repentino vuelo;\nSino porque ellos, mientras sus amigos dormían, trabajaron hasta avanzada la noche con desvelo.
\nSi un líder demuestra que posee una fuerte disciplina propia, otros percibirán eso, y generalmente cooperarán con las expectativas que les han acordado.\n\nHay otro elemento en la disciplina que recibe muy poca atención. Debemos estar dispuestos a recibir de otros así como también a dar a otros. Algunas almas denodadas se deleitan en sacrificarse a sí mismas pero no están dispuestas a permitir que otros actúen recíprocamente. No quieren sentirse obligados hacia los demás. Pero el liderazgo requiere franqueza hacia otros. El descuido en recibir gentilezas y ayudas, es aislarse uno mismo, es robar a otros la oportunidad, y privarse a uno mismo del sostenimiento.\n\nEl obispo Wescott admitió al final de su vida haber cometido una gran equivocación. Siempre había ayudado a otros, pero con el mismo rigor se había resistido a que otros le sirvieran a él. Como resultado, su vida tenía un lugar vacío donde podrían haber estado la dulzura de la amistad y el cuidado humano.\n\n\nVISIÓN\n\nLos hombres que influyeron sus generaciones de manera más poderosa y permanente fueron “videntes” –personas que vieron más y más lejos que otros–, personas de fe, porque la fe es visión. Moisés fue uno de los más grandes líderes de toda la historia, “porque se sostuvo como viendo al invisible”. Su fe le impartía visión. El siervo de Elías vio vívidamente el vasto ejército que rodeaba el lugar, pero Elías vio las huestes celestiales. Su fe le impartió visión.\nPowhatten James escribió:
El hombre de Dios debe tener perspicacia en las cosas espirituales. Debe ser capaz de ver las montañas cubiertas de caballos y carros de fuego; debe ser capaz de interpretar lo que el dedo de Dios ha escrito en las paredes de la conciencia. Debe ser capaz de interpretar las señales de los tiempos en términos de su significado espiritual; debe ser capaz de correr a un lado, de vez en cuando, la cortina de las cosas materiales y permitir que los mortales vislumbren las glorias espirituales que coronan el asiento de misericordia de Dios. El hombre de Dios debe declarar el modelo que se le mostró en el monte; debe expresar la visión que se le dio en la isla de revelación... .No podrá hacer ninguna de estas cosas sin discernimiento espiritual.
\nCharles Cowman, fundador de la Misión Sociedad Oriental, era “un hombre de visión. Durante toda su vida parecía ver lo que la multitud no veía, y ver con más amplitud y plenitud que muchos de su propia época. Era un hombre de horizontes distantes.”\n\nLa visión involucra previsión así como también discernimiento. La reputación de grandeza del presidente [norteamericano] McKinley residía en parte en que podía colocar un oído pegado al suelo y oír lo que se aproximaba. Tornó su oír en visión; vio lo que había adelante. Un líder debe poder ver los resultados finales de las políticas y métodos por los que aboga. El liderazgo responsable siempre mira adelante para ver cómo el plan de acción afectará a las generaciones futuras.\n\nLos grandes misioneros pioneros fueron gente de visión. Carey vio a todo el globo terráqueo mientras sus congéneres misioneros definían al mundo como las fronteras de sus parroquias. Henry Maryn veía la obra en la India, Persia y Arabia –el mundo musulmán– mientras la iglesia de donde venía altercaba sobre desacuerdos teológicos triviales. La gente decía de A. B. Simpson: “El trabajo de toda su vida parecía avanzar laboriosamente solo, a tiempo que sus congéneres no veían nada digno de explorar.”\n\nUn colega decano le dijo cierta vez a Douglas Thornton de Egipto: “Thornton, eres diferente a todos los demás que yo conozco; siempre estás mirando al final de las cosas. La mayoría de las personas, incluso yo mismo, encuentra que es mejor hacer lo que sigue.” Thornton respondió: “Encuentro que la inspiración constante que adquiero de mirar la mente es la motivación principal que me ayuda a perseverar.” Un ideal, una visión, era absolutamente necesaria para él. No podía trabajar sin ella. Y eso explicaba la amplitud de sus puntos de vista y la magnitud de sus planes.\n\nLos ojos que miran son comunes; los ojos que ven son raros. Los fariseos miraron a Pedro y sólo vieron a un pescador analfabeto. Jesús vio a Pedro como profeta y predicador, un santo y líder que ayudó a trastornar el mundo.\n\nLa visión incluye optimismo y esperanza. El pesimista ve la dificultad en cada oportunidad. El optimista ve la oportunidad en cada dificultad. El pesimista tiende a detener a la gente de visión para que siga adelante. La precaución tiene que desempeñar su papel. La persona precavida ayuda al líder optimista a ser realista. Todos vivimos en un mundo real de lecciones de limitación e inherencia. Los cristianos precavidos sacan valiosas lecciones de la historia y la tradición, pero corren peligro de quedarse encadenados al pasado. La persona que ve las dificultades con tanta claridad que no le permiten discernir las posibilidades, no puede inspirar una visión en los demás.\n\nBrowning describió al optimista así:
Uno que nunca miró atrás,\nSino que marchó adelante sacando el pecho,\nNunca dudando que las nubes se quebrarían,\naunque el bien se tergiversara.
\nLa visión conduce a la aventura, y la historia está de lado de la fe que se arriesga. La persona de visión da nuevos pasos de fe para cruzar barrancos y abismos, no sin correr riesgos, pero tampoco corriendo riesgos de necios. Con respecto al Arzobispo Mowell, se ha dicho:\n\nUna marca de su grandeza era que nunca estaba detrás de su edad, ni demasiado adelante. Estaba exactamente al frente, y adelante lo suficiente como para guiar la marcha. Siempre estaba avistando nuevos horizontes. Todavía poseía una mente receptiva para nuevas ideas a una edad cuando muchos son proclives a permitir que las cosas sigan en curso.\n\nLos líderes aprenden de las lecciones del pasado, pero nunca sacrifican el futuro por amor a la mera continuidad. Los individuos de visión toman decisiones en base al futuro; la historia del pasado no puede escribirse de nuevo.\n\nLa visión sin una tarea hace un visionario.\nLa tarea sin una visión es labor monótona.\nLa visión con una tarea hace un misionero.\n\n\nSABIDURÍA\n\n“La Sabiduría es la facultad de hacer uso del conocimiento, Una combinación de discernimiento, juicio, sagacidad, y aptitudes similares... En la Escritura, es el juicio correcto con respecto a la verdad espiritual y moral” (Wenster)\n\nSi el conocimiento es la acumulación de los hechos, y la inteligencia el desarrollo de la razón, la sabiduría es discernimiento celestial. Es perspicacia que penetra hacia el corazón de las cosas. La sabiduría involucra el conocer a Dios y las sutilezas del corazón humano. Más que conocimiento, es la aplicación correcta del conocimiento a asuntos morales y espirituales, al manejar dilemas, al negociar relaciones complejas. “Nueve décimos de la sabiduría consisten en ser sabio a tiempo”, dijo Theodore Roosevelt. Casi todos nosotros somos “demasiado a menudo sabios después del suceso”.\n\nLa sabiduría otorga equilibrio al líder, y le ayuda a evitar la excentricidad y la extravagancia. Si el conocimiento viene por el estudio, la sabiduría viene cuando somos llenos del Espíritu Santo. Entonces el líder puede aplicar correctamente el conocimiento. “Lleno de sabiduría” era uno de los requisitos aun para líderes su-bordinados en la iglesia primitiva (Hch. 6:3).\n\nEl conocimiento y la sabiduría, lejos de ser una sola cosa, a menudo no tienen conexión. El conocimiento mora en cabezas repletas de pensamientos de otros hombres: La sabiduría en las mentes atentas a los suyos propios.\nEl conocimiento está orgulloso de haber aprendido tanto, la Sabiduría es humilde de que no sabe más. - Autor desconocido\n\nD. E. Hoste conocía la importancia que la sabiduría tenía para los líderes:
Cuando un hombre, en virtud de un cargo oficial, exige obediencia de otro sin tener en cuenta la razón y conciencia de este último, éste es el espíritu de la tiranía. Cuando, por otra parte, mediante el ejercicio de la discreción y compasión por la oración, poder espiritual y sana sabiduría, uno puede influir e iluminar a otro, de forma que a través de su propia razón y conciencia sea guiado a alterar un curso y adoptar otro, eso es liderazgo espiritual.
\nLa oración de Pablo a favor de los corintios en Colosas siempre tendría que estar en nuestros labios: Que Dios haga “... que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual” (Col. 1:9).\n\n\nDECISIÓN\n\nCuando se han acumulado todos los hechos, la decisión pronta y clara es la marca de un verdadero líder. Un visionario puede ver, pero un líder debe decidir. Una persona impulsiva podrá con prontitud declarar una preferencia; pero un líder debe ponderar la evidencia y tomar una decisión sobre premisas sanas.\n\nUna vez que esté seguro de la voluntad de Dios, el líder espiritual se pondrá en acción de un salto, sin tener en cuenta las consecuencias. Cuando persigue un objetivo, el líder nunca mira atrás ni calcula estrategias de escape por si los planes se malogran. Y un verdadero líder tampoco culpa del fracaso a sus subordinados.\n\nAbraham mostró una rápida y clara resolución durante la crisis en Sodoma y el rescate de Lot (Gn. 14). En sus relaciones con Lot, Abraham mostró tanto el lado activo como el pasivo de la espiritualidad. Al ceder generosamente su derecho a la elección de las tierras de pastoreo. (Gn. 13), Abraham desplegó las gracias pasivas de la piedad. Pero cuando capturaron a Lot durante la batalla en Sodoma de Génesis 14, Abraham desplegó decisión e iniciativa inmediatas. Con gran bravura persiguió al enemigo y obtuvo la victoria sobre fuerzas superiores. Esto es verdadera fe.\n\nMoisés se hizo líder de Israel cuando abandonó el poder y privilegio de Egipto y se identificó con los esclavos hebreos y su sufrimiento (He. 11:24-27). Estas fueron decisiones trascendentales. Eso es fe.\nLa primera pregunta de Pablo después de su dramática conversión fue: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (Hch. 9:6). Sin titubear, Pablo actuó con base en su nuevo conocimiento de la deidad de Cristo. Para que le otorgara luz, debía seguirla. Para ver el deber, debía hacerlo.\n\nEl catálogo de santos en Hebreos 11 es un estudio sobre visión y decisión. Vieron la visión, consideraron el costo, tomaron sus decisiones, y se lanzaron a la acción. El mismo movimiento es evidente en las vidas de grandes líderes misioneros. Carrey vio la visión en Kettering y tomó su decisión por la India, aunque las dificultades para llegar allí se agrandaban tanto como el cielo mismo. Livingstone vio la visión en Dumbarton, tomó la decisión, venció los obstáculos, y se fue a África. Las circunstancias no pueden frustrar a tales personas, y las dificultades no pueden disuadirlas.\n\nCuando se enfrenta con una decisión, el líder espiritual no demora en tomarla, ni vacila después de hacerlo. Una decisión sincera pero defectuosa es peor que las intentonas de voluntad débil o las insinuaciones indecisas. El postergar la decisión es realmente optar por el statu- quo. En la mayoría de las decisiones el elemento clave no es tanto saber qué hacer sino vivir los resultados.\n\nCharles Cowman tenía la reputación de ser un hombre de propósito. Tenía los ojos fijos en un gran objetivo. Para él, una visión era el primer paso en el plan de acción. En el momento que percibía una posibilidad no se quedaba tranquilo hasta que la realización estaba en camino.\n\nA un joven que comenzaba su trabajo con el servicio de guardacostas lo llamaron con su tripulación para que intentara un desesperado rescate en una gran tormenta. Atemorizado, con lluvia y el viento golpeándole el rostro, el joven gritó a su capitán: “¡No vamos a volver jamás!” el capitán replicó. “No tenemos que volver, pero debemos ir al rescate.”\n\n\nCORAJE\n\nLos líderes requieren un coraje del más alto calibre: siempre coraje moral y a menudo coraje físico también. Coraje es esa capacidad mental que permite que las personas enfrenten el peligro o la dificultad con firmeza, sin temor ni desaliento.\n\nPablo admitió que conocía el miedo, pero esto nunca lo detuvo. “Y estuve con vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor”, informó en 1 Corintios 2:3, pero el verbo es fui (v. 1). No se quedó en la casa porque tenía temor del viaje. En 2 Corintios 7:5, Pablo confiesa que experimentó “de fuera conflictos; de dentro temores”. No cortejó el peligro, pero nunca permitió que lo mantuviera alejado de la obra del Maestro.\nMartín Lutero está entre los hombres más intrépidos que hayan jamás vivido. Cuando partió en su viaje hacia Worms para enfrentar las preguntas y controversias que sus enseñanzas habían suscitado, dijo, “Podéis esperar de mí todas las cosas excepto temor o retracción. No huiré, y tampoco voy a retractarme.” Sus amigos le advirtieron de los peligros: algunos le rogaron que no fuera. Pero Lutero no les hizo caso. “¡No ir a Worms”, dijo. “Ire a Worms aunque vayan tantos diablos como tejas en el techo.”\n\nCuando Lutero compareció ante la corte del Emperador Carlos V, le exigieron una pila de documentos que él había escrito, y le exigieron que se retractara. Lutero respondió: “A menos que me puedan explicar y convencer con evidencias de las Sagradas Escrituras o con francos, claros y contundentes fundamentos de razonamiento, entonces no me retractaré, porque no es ni seguro ni sabio actuar contra la conciencia.”\nEs probable que luego haya agregado,: “Aquí me quedo. No puedo hacer otra cosa. Que Dios me ayude. Amen.”\n\nUnos días antes de su muerte, Lutero recordó este día y dijo: “No tenía miedo de nada: Dios puede hacer que uno sea\ndesesperadamente valiente.”\nNo todos son de naturaleza valiente. Algunas personas son, por naturaleza, más tímidas que Lutero. Pero aunque seamos intrépidos o reticentes, Dios llama a los líderes a que se esfuercen y sean valientes y que no capitulen al temor. Dicho llamado al coraje sería más bien inútil si nada temiera nada. Debido a que el miedo es una parte real de la vida, Dios nos da el Espíritu Santo, quien nos llena de poder. Pero debemos dejar que ese poder haga su obra, y no temer.\nConsidérense estas dos declaraciones contrastantes: “... Estando las puertas cerradas... por miedo de los judíos...” (Jn. 20:19), y, “Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan...” (Hch. 4:13). Estas declaraciones describen a los mismos discípulos, y la misma oposición. ¿Qué sucedió entre la primera y la segunda? La diferencia es el Espíritu Santo: “ Y fueron todos llenos del Espíritu Santo...” (Hch. 2:4). Y cuando al Espíritu Santo se le da el control de la personalidad, Él no da “un espíritu de cobardía, sino de poder” (2 Ti. 1:7).\n\nLos líderes de coraje enfrentan situaciones desagradables y hasta devastadoras con ecuanimidad, luego actúan con firmeza para producir lo bueno de la dificultad, aun si sus acciones no son populares. El liderazgo siempre enfrenta la inercia y oposición humanas naturales. Pero el coraje continúa con consistencia hasta que la tarea se ha terminado.\n\nLa gente espera que los líderes sean calmos y valientes durante una crisis. Mientras otros pierden la cabeza, los líderes se mantienen firmes. Los líderes fortalecen a los seguidores en medio de reveses desalentadores y trastornos frustrantes. Al enfrentar los implacables ejércitos de Senaquerib, Ezequías hizo sus preparativos militares y luego se dispuso a fortalecer la moral de su pueblo. “Esforzaos y animaos” les dijo “No temáis, ni tengáis miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que con él viene... Con él está el brazo de carne, mas con nosotros está Jehová nuestro Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas.” Y luego las Escrituras nos informan: “Y el pueblo tuvo confianza en las palabras de Ezequías rey de Judá” (2 Cr. 32:7-8). Aquí hay liderazgo, activo y fuerte.\n\n\nHUMILDAD\n\nLa humildad es la marca de pureza del líder espiritual. Cristo dijo a sus discípulos que abandonaran las actitudes pomposas de los déspotas orientales, y que en cambio adoptaran el porte humilde del servicio (Mt. 20:25-27). Como en los días de la antigüedad, así también hoy la humildad es menos admirada en los círculos políticos y comerciales. Pero no importa. El líder espiritual escogerá la senda oculta del servicio de sacrificio y la aprobación del Señor sobre el engreimiento extravagante del mundo.\n\nA menudo consideramos a Juan el Bautista grande debido a su ardiente elocuencia y las acerbas denuncias de los males de su día. Sus palabras penetraban y exponía los corazones de muchos gobernadores mezquinos. “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe” (Jn. 3:30). En este pasaje la estatura espiritual de Juan se destaca con claridad y fuerza.\n\nLa humildad de un líder debería aumentar con el pasar de los años, al igual que otras actitudes y cualidades. Debe notarse el avance de Pablo en la gracia de la humildad. Al principio de su ministerio, reconoció que “... yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol...” (1 Co. 15:9). Más tarde admitió: “... que soy menos que el más pequeño de todos los santos...” (Ef. 3:8). Cerca del fin de su vida habló de la misericordia de Cristo y del lugar que sa-bía que correspondía: “... Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1 Ti. 1:15).\nEn su devocional Serious Call, William Law escribió:
Haga de cada día una jornada de humildad; condescienda a todas las debilidades y enfermedades de sus criaturas congéneres, cubra sus flaquezas, ame sus excelencias, aliente sus virtudes, alivie sus necesidades, regocíjese en su prosperidad, sea compasivo en sus aflicciones; reciba sus amistades, tolere su falta de bondad, perdone sus malicias, sea un siervo de siervos, y condescienda a prestar los servicios más humildes a los más inferiores de la humildad.
\nEn cierta ocasión, cuando a Samuel Brengle lo presentaron como “ el gran doctor Brengle”, éste anotó en su diario:
Si parezco grande a los ojos de ellos, el Señor con mucha benignidad me está ayudando a ver cuán absolutamente nada soy sin Él, y me ayuda a mantenerme pequeño a mis propios ojos. El Señor efectivamente me usa. Pero me preocupa mucho que sea Él que me use y que no sea mi propia obra. El hacha no puede gloriarse de los árboles que ha cortado. No podría hacer nada si no fuera por el leñador. Él la hizo, la afiló, y la usó. En el momento que la arroja a un lado, sólo se vuelve un hierro viejo. Oh, que yo jamás pierda de vista esto.
\nEl líder espiritual de hoy es el que gustosamente trabaja como asistente o asociado, humilde ayudando a que otro logre grandes cosas. Morrison, de la China, escribió: “Pienso que el gran defecto de nuestras misiones es que ninguno quiere ser seguido.”\n\n\nINTEGRIDAD Y SINCERIDAD\n\nPablo habló de sus fracasos y éxitos con una franqueza que pocos de nosotros estamos dispuestos a imitar. Aún antes de su conversión, sirvió a Dios con sinceridad (2 Ti. 1:3) y con gran integridad personal. Tiempo después escribía: “... Con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo” (2 Co. 2:17).\nEstas dos cualidades del liderazgo formaban parte de la ley de Dios para los israelitas (Dt. 18:13). Dios quiere que sus siervos muestren un carácter transparente, franco, e inocente de engaño.\n\nUn prominente comerciante, cierta vez contestó a la pregunta: “Si tuviera que nombrar la cualidad más importante de un gerente de alto nivel, diría integridad personal.” Seguramente que el líder espiritual debe ser sincero en lo que promete, fiel en el cumplimiento de su responsabilidad, probo en las finanzas, leal en el servicio y honesto en el hablar.\n\nExtracto de capítulo 8 del libro\nLiderazgo Espiritual\npor Autor J.Oswald Sanders'
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