El Barman Pródigo
¡Odio a mi padre! Nuevamente nos tenemos que pelear por el tema de la Universidad. A veces quisiera que se muera y me quedara con lo que me toca de la herencia. Él es un gran empresario, es dueño de muchas fábricas de artículos deportivos, las más usadas y caras del mercado. Pero aún con todo su prestigio y supuesta “experiencia” no puede entender lo que yo quiero para mi futuro. Si no estudio una carrera corta, cosa que a veces dudo, quisiera convertirme en barman, esas personas que se divierten todo el día en su trabajo, no hacen más que servir tragos y divertirse, entretener a la gente y divertirse más y más.\n\nYo tengo otro concepto de la vida que mi padre, no deja de decirme que quiere lo mejor para mi. ¡Si quisiera eso me dejaría en paz! Ya estoy bastante grandecito como para tomar mis propias decisiones, ¿no? He terminado el colegio ya hace un año y medio.\nNecesito independizarme pronto, ¡ya no los aguanto más! Cuando digo “los aguanto” no sólo me refiero a mi padre, lo digo también por mi hermana. Ella siempre es la más “buenita”, la que terminó el colegio con méritos, siempre la más aclamada por la familia. Ella estudia ingeniería industrial, pero ya practica “desde abajo” en la fábrica de mi padre. Siempre me dice: “Ven a practicar conmigo, vas a ver que te servirá de mucho, tal vez en un futuro podrás hacerte cargo del negocio”. ¡Tonterías! Se muy bien que ella es quien se quiere quedar con todo, pero ya me cansé. Hoy mismo hablo con mi padre, él trabaja hasta tarde. Vamos a dejar las cosas bien en claro...\n\n-o-\n-¡Ya te dije que no!- grité con furia- ¡No puedes entender eso!\n-Hijo, lo dijo por tu bien, debes querer estudiar algo, asegurar tu futuro- dijo mi padre- ya van a ser dos años desde que saliste del colegio y no te decides.\n-¡Año y medio! ¡Año y medio! ¡Ya me cansé padre! ¡No puedo vivir más contigo en esta casa! ¡No quiero verte la cara!\n-Hijo tranquilízate, sé que estás molesto pero lo digo por tu bien...\n-¡Por mi bien! ¡Tú no sabes lo que me conviene! ¡Quiero... quiero... que me des lo que me corresponde por herencia, hoy mismo me quiero ir de la casa! ¡Para mi estás muerto! ¡¿Escuchaste?! ¡Para mi estás muerto!- dije y sentí como mi padre intentaba meter una lágrima devuelta en su ojo. En fin, se lo merecía.\n-Hijo, te amo, te quiero mucho. No quiero que pelemos, yo quiero lo mejor para ti. Pero... pero... voy a respetar tu decisión. Quieres irte, ve entonces- dijo y se dirigió a su escritorio- había reservado esto para tus estudios pero, en fin- entonces sacó una tarjeta de crédito de un cajón- Abrí una cuenta con mucho dinero, tiene muchos intereses. Prométeme que lo usarás bien.\nYo me quedé boquiabierto, nunca pensé que mi padre accediera tan fácilmente. El se acercó y puso la tarjeta en mi mano, me dijo la clave: 6766. Todavía no lo creía. ¡Libertad! ¡Libertad! Era lo mejor que me había pasado en mucho tiempo. Ni me despedí de mi padre, salí corriendo a mi cuarto a alistar mis cosas, ya estaba decidido: hoy mismo me iba de la casa.\n\n-No se podía con él, es un haragán por naturaleza, nunca podrá triunfar en la vida- le dijo a mi padre mi hermana, que había escuchado la conversación por mis gritos.\n-No digas eso de tu hermano hija, yo sé que es una gran persona. Se va a dar cuenta de su error- dijo y echó unas cuantas lágrimas.\nYo estaba contento, llamé a un amigo y me quedé en su casa esa noche. A la mañana siguiente iría a comprar los boletos a la ciudad vecina, donde se encontraban los mejores pubs y discotecas del mundo, o eso decían mis amigos.\n\n-o-\nAún no asimilaba lo sucedido, estaba a un paso de la completa independencia, cosa que siempre había soñado. Me encontraba caminando en las calles de Uslar (así se llamaba la cuidad vecina donde viajé) y buscaba el hotel en el cual había hecho reservaciones. Cuando lo hallé me sentía en el paraíso. Grandes camas, discoteca, bares, casino, piscina, chicas, chicas, chicas. Era hermosamente cautivador. No lo podía creer, estuve tirado en la cama hasta la una de la tarde y decidí ir a buscar dónde iba divertirme esta noche, de paso podría preguntarle a un barman cómo hizo para convertirse en barman (ni eso sabía). Salí y me di un paseo por el casino, estaba lleno de gente de etiqueta, acompañado por unas esculturales chicas que celebraban cada victoria, o consolaban cada derrota. ¡Eso es lo que necesito! Me dije y me apresuré a sacra dinero del banco. Me acerqué a la ruleta, había mucha gente alborotada. El muchacho encargado de recoger las apuestas me quitó una gran suma de dinero como base para entrar, pero valió la pena, aposté al veintiséis. La bolita dio varias vueltas en el plato... dio saltos por el dieciocho, veinte, veinticuatro y ¡veintiséis!\n¡Tenía que ser mi día de suerte! Los jugadores se quedaron con la boca abierta. Las chicas me miraron de pies a cabeza. “Veintiséis negro es el ganador” dijo la casa. De pronto no sólo jugaba en la ruleta sino en todo tipo de juegos, desde cartas a máquinas y otras cosas que nunca había visto antes. Las chicas se amontonaban a mi alrededor... gritaban cada vez que salía ¡siete! Era mi día de suerte, de treinta jugadas me habías salido más de la mitad. Pero algo me detuvo, mi mirada se fijó en una pelirroja despampanante, con una minifalda corta y con una raja. Me miró y se me acercó.\n-¿Eres nuevo verdad?- dijo sonriente.\n-Pues sí- dije- llegué hoy mismo. Estoy en el hotel hasta que encuentre un lugar donde instalarme...\n-Pues te ha ido bien para ser el primer día, te ha ido muy bien- dijo inclinando la cabeza.\nMe había estado observando. Era ahora o nunca, tenía que hacer algo. Antes de que pudiera decir algo me sorprendió su iniciativa.\n-Si quieres podemos ir bailar, de paso me cuentas que es lo que haces por aquí.\n-¡Claro!- grité- Por supuesto, a donde quieras. Necesito conocer más de esta ciudad- dije y corrí a recoger el dinero que me debían, nunca había ganado tanto dinero en tan poco tiempo.\n\n-o-\nEstuvimos haciendo cola por lo menos media hora. Nos vacilamos un montón mientras esperábamos, era tan hermosa. Me acariciaba y me hacía sentir tan, tan, tan bien. Al llegar a la puerta el de seguridad nos pidió nombres. Para lucirme con ella saqué un fajo de billetes, como había visto hacer en las películas. Al parecer no le impresionó pero en un momento ya estábamos adentro bailando al ritmo de todos los ritmos.\n-¡Hey Virginia!- gritó un hombre, así se llamaba ella- ¿Quién es tu amigo?\n-Se llama César- dijo- lo conocí hoy en el hotel.\n-Hola- dije saludándolo- ¿Cómo estás?\n-Yo bien, pero veo que ustedes mucho mejor. ¿La están gozando?\n-Creo que me hacen falta una rojas- dijo virginia.\n-¿Unas rojas?- pregunté.\n-Rojas, verdes, azules. Hay de todos los colores muchacho. ¿De cuál quieres tú?- dijo el rata, así lo llamaban.\n-Te entiendo, pero no creo que...\n-¡No me digas que tu no eres de los que la gozan linda! ¡Por favor!- dijo ella- estas cosas te ponen en la máxima expresión del placer. Por algo se llaman éxtasis.\nPor no quedar mal con Virginia decidí comprar algunas, pero el rata me dijo que por hoy eran gratis, eso me asustó un poco, pero igual lo hice. Virginia tomó dos, yo sólo una, pero esa bastó para que salga del mundo. Tenía que tomar agua a cada rato. No licor, pero cada vez sentía más placer al bailar con Virginia, sentir su cuerpo, hasta que... hasta que...\n-¡Sobredosis! ¡Sobredosis!- gritó un muchazo que estaba bailando, todos hicieron un espacio al ver al chico convulsionando en el suelo. Un hombre salió disparado a verlo y empezó a gritarles a los de seguridad. Finalmente se lo llevaron cargado y desapareció de nuestra vista.\nLos dos estábamos muy cansados y casi no me acuerdo de lo que conversamos, excepto de sus últimas palabras...\n-¿Vamos a tu cuarto de hotel?- dijo y nos dirigimos hacia allá.\n\n-o-\nA la mañana siguiente estaba demacradamente estimulado, lo que había sentido anoche fue tan, tan, tan nuevo para mí. Y después en el cuarto de hotel con Virginia... no lo recuerdo muy bien pero fue impresionante. Mas ella ya no estaba más conmigo en el cuarto. Di varias vueltas por el cuarto y descubrí, para mi asombro, que mi dinero en efectivo no estaba. Sólo mi tarjeta de crédito con la clave grabada en mi mente. ¿Dónde estaría Virginia? ¿Dónde estaría mi dinero? Decidí buscarla en la discoteca de anoche, pero no estaba, tampoco nadie sabía del rata. Me sentí engañado, pero alcancé a conocer a algunas personas en la discoteca mientras averiguaba, muchas chicas y algunos chicos. Estuvimos tomando y bebiendo, y pasándola chévere. Los días pasaron de la misma forma que la anterior. Las noches eran lo mejor... no me tenía que preocupar por el SIDA por que tenía protección. Además me quedaba dinero suficiente para vivir en este estilo de vida por muchos meses. Pero pronto la bebida no me satisfacía, los nuevos amigos siempre querían más y parecían saber tanto. Las drogas cada vez más eran menos placenteras y decidí probar otras, el sexo parecía quitar algo de mí, arrancarme la piel, mas aún me sentía atraído... pero sentía un vacío descuidado, algo que ya no podía controlar.\n\n-o-\nEn dos semanas mi dinero se fue volando, aunque llegué a preguntar como era lo del barman. ¡Tenía que ir a una escuela para bármanes! Que aburrido, pensé. Mi sueño estaba tirado por los suelos, mi dinero había volado como los chanchos, y me di cuenta que soy un irresponsable, una persona despreocupada y aunque me duela, un vago. Hoy fue mi último día en el hotel, no podía pagar más días y me botaron. Pedí ayuda a algunos de mis nuevos amigos pero, me desconocieron. Nadie me quería recibir, nadie me quería ayudar. Es horrible que te desconozcan después de que te hayan dicho tantas cosas, después de que hayamos “compartido” tantas cosas. Esa noche no me quedó otra que dormir en la calle. No me podía quedar ahí, era asqueroso. El frío era penetrante. Así que lo decidí, tenía que conseguir un trabajo. Un trabajo digno... o eso creía, pero ya era demasiado tarde. Cada mañana me levantaba y me acercaba a un puesto de periódico a ver anuncios de empleos, pero siempre me rechazaban, la mayoría de trabajos requerían “presencia” y yo ya había perdido la mía. Me había convertido en un mendigo y, aunque me duela, en un vagabundo.\n\n-o-\nEl hambre me mataba, veía por las ventanas a la gente que comía feliz en los restaurantes. Yo en la basura. En ocasiones tuve que robar, pero eso me hacía sentir mucho más vacío y horriblemente acabado. Hasta que un día un hombre como yo me dio la idea. Él vendía retazos de papel y cosas, fruslerías que aún “servían” de la basura. Yo iba de basural en basural, y me daban diez centavos por kilo de papel. Era algo mísero, pero me servía para comprar un pan, cualquier cosa que se pueda comer. En la basura encontraba restos de comida y no dudaba en comerlos. Un día llegó un camión para comprar basura, y como yo estaba dormido ahí, me llevaron en el camión como si fuera parte de la basura. Arrojaron todo en un terreno y lo combinaron con restos de comida, enseguida muchos cerdos se abalanzaron y empezaron a comer todo a su paso. Me desperté con la mordida de uno, y enseguida me puse a comer con ellos lo que pude. No era delicioso, pero sabía mejor que basura sola. En seguida escuché el gritó del guardián y empezó a perseguirme con un palo. Tuve que salir del lugar y caí muerto de cansancio. Entonces comprendí lo que tenía que hacer. Ya había pasado mucho tiempo como para que no me trague mi orgullo.\n\n-o-\nNo pude regresar como hubiera querido, caminé mucho, me colé en vehículos, me llevaron, pero me trataron mal, muy mal. Al fin llegué a mi ciudad, y caminé hasta llegar a mi casa, aún no quería tocar el timbre. Me tragué todo mi orgullo y antes de que pudiera tocar a la puerta esta se abrió y sentí dos brazos alrededor de mi cuello.\n-Hijo mío, has vuelto- decía mi padre y parecía no importarle mi olor a basura, ni mi comportamiento como basura. No sabía que decir.\n-Padre- le dije- no te pido que me vuelvas a aceptar en tu casa o en tu familia, sólo te suplico que me ofrezcas trabajo en tu fábrica, limpiando baños, de lo que sea, para que pueda comer.\n-¡Qué dices! ¡Acaso en todo este tiempo te llegó la locura! ¿Cómo crees que no te voy a aceptar en nuestra casa? ¡Te amo hijo! ¡Lo que importa es que has vuelto!\n- Pero padre...- alancé a decir, cada vez más me sorprendía incansablemente- Te amo.\nEntonces mi padre sacó el mismo dinero de sus ahorros, me compró ropa, dejó que me bañara por horas, me cepillara los dientes como diez veces. Pedimos mucha comida a la casa y comimos juntos y conversamos hasta cansarnos. Después llamó a toda la familia y los invitó a una gran cena en bienvenida a mí. ¡A mí! No lo podía creer, ¿cómo era posible tanto amor? Cuando se enteró mi hermana se indignó, pero luego entró en razón y se alegró de que haya vuelto. Comí como tiburón y me llené de felicidad y de... paz, mucha paz. Todo era felicidad. Luego de unos días empecé a prepararme para ingresar a una universidad.\nFIN'