El Camino A Mi Hogar
Saliendo del trabajo como siempre me dirigí a la parada del autobús. Esperé y me desesperé hasta que por fin subí. Pagué mi pasaje como siempre y, dada la hora y el lugar, pude disponer de un lugar así que me senté. Pero de repente todo empezó a tornarse raro. La gente estaba rara. El conductor actuaba raro. Esto me empezó a dar miedo.\n\nLa gente ya no parpadeaba y se movía como por inercia. No entendía nada.\n\nSe detuvo el autobús y subió un anciano. A un grito preguntó: Tu, ¿Me puedes llevar a mi hogar?. Más el chofer solo se preocupo por cobrar y nuevamente avanzar. Nuevamente se detuvo el autobús y subió una mujer con un pequeño. Esta parecía cansada, fastidiada. Pagó sin una palabra y de un galón acomodo al pequeño en un lugar. Unos jóvenes fueron los siguientes en detener el autobús. Estos estaban ansiosos de ser escuchados y lo expresaban en su manera de vestir, en su manera de peinar y en la manera de marcar sus cuerpos. Pero no les escuchaba decir ni una palabra. Tenía miedo de preguntar, pero cada vez entendía menos. La gente era tan diferente pero toda tan igual.\n\nDe repente empecé a escuchar una risa tenebrosa. Una burla hasta el alma me llegó. Nunca supe de dónde vino pero nadie reaccionaba. Era sólo yo la que escuchaba. Y supe que era para mí. Cerré mis ojos pensando que de esta manera podría evitar imaginarme quien se burlaba y por qué. Y no pasaron unos segundos cuando escuché un llanto. Este llanto de verdad que radiaba un tremendo dolor. Y me volví para distinguir quien era el que lloraba y, la sorpresa que recibí al ver por fin a alguien que reaccionaba diferente que los demás. ¿Quién eres?. Le pregunté. Y me vio detenidamente por unos segundos. \n\n- ¿Que quién soy? Me preguntas. \n- Sí, ¿Quién eres y por qué lloras?\n- Por fin me escucha alguien. (Contestó)\n- A qué te refieres\n- Mira a tu alrededor. Subieron a este camión para llegar a su hogar, pero han querido ensordecer sus corazones y ellos son los que los pueden llevar a su hogar. Es por ello que el fastidio, el dolor, el desamor, el odio, el cansancio, la rebeldía, la soledad, la tristeza, la debilidad, los hacen vivir así. Sin sentido. Sin dirección. Sin mí. \n- ¿Sin ti? (le pregunté)\n- Sin mí. (me contestó)\n- Tú eres... (y no me dejó acabar)\n- Sí, el que cada día te ha hablado, el que te acompaña al caminar. El que te indica que ese no es el camino a tu verdadero hogar.\n- ¿Qué quieres decir con mi verdadero hogar?\n- He tomado el tiempo para darte un nuevo hogar. Te he dicho que a este lugar no te tienes que conformar. Que la muerte abunda. Que el mundo engaña. Que todo aquí terminará. \n\nY entonces sonó el timbre pidiendo la parada en una esquina. Empece a escuchar mucho ruido. El llanto de algunos niños. La risa de los jóvenes. Y lo raro es que confundida no me sentí. Entendí que la gente cree que llega a su hogar después de un día de trabajo o de escuela. Pero no. No puedes descansar. Sé que la burla es del engañador que cree que a cegado a todos. Piensa que el ejercito esta debilitado.\n\nVoltee mi mirada para buscar con el que hablaba y sólo estaba el lugar vacío. Entendía que para escucharlo tengo que hacerlo con el corazón, pero que este se desvía con cualquier cosa puesto que es él quien te puede llevar a tu verdadero hogar.\nNi el buen trabajo, ni la ejemplar familia, ni la iglesia a donde asistas, ni tus amigos. Nada te puede guiar a tu verdadero hogar.\n\nEres heredero de un reino, no te conformes con lo que ves.\n\nAsí que la próxima vez que te subas a un camión escucha aquel llanto de quién pide que lo escuchen. El que indica el verdadero camino. El camino a tu hogar\n'