El Ladrillo del Resbalón

“Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, y El aprueba su camino. Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano” (Sal. 37:23-24)\n\nEl salmo 37 es un salmo acróstico, donde cada estrofa empieza con una letra del alfabeto hebreo. Los versículos 23 y 24 corresponden a la letra Mem (la letra “M” de nuestro alfabeto). Podemos imaginar este salmo como un camino hecho de ladrillos en medio de un pantano; cada párrafo (cada letra del alfabeto) es un ladrillo sobre el que debemos pisar en nuestra experiencia cristiana. Y mientras caminamos nos acercamos al ladrillo “M”, que tiene una resquebrajadura, trastabillamos y caemos.... y al levantar las manos encontramos que la mano de Cristo se extiende y nos levanta, y allí nos debemos detener un momento para seguir...\n\nEste versículo me recordó lo sucedido al duque Guillermo, el conquistador. El 28 de setiembre de 1066 el duque Guillermo de Normandía, fue el primero en desembarcar en Pevensey en la costa de Inglaterra. Al poner su pié en la tierra que había prometido conquistar se resbaló y cayó con todo su cuerpo tendido sobre el suelo. Esta situación era muy difícil, ya que el acto de desembarco era la manera en que simbólicamente se enfrentaría la batalla, y habiendo resbalado el mismo duque y habiendo caído ante todos sus soldados era, para su ejercito supersticioso, una señal de mal augurio. Pero el duque supo transformar esa caída en una ventaja, y poniéndose en pié y mostrando las manos embarradas a los soldados dijo: -“Por el esplendor de Dios, la tierra de Inglaterra está en mis dos manos”. Esto era una osada manera de elevar la moral, típica de aquel hombre que dos semanas después tuviera, junto a su ejército, una victoria contundente sobre el ejército inglés liderado por el rey Harold.\n\nCuando nos enfrentamos a retos nuevos en nuestra vida muchas veces desembarcamos y resbalamos, ¿no te ha pasado?. Los primeros días en un trabajo y el capataz se la agarra contigo; los primeros días en la Facultad y en la materia más difícil tienes un traspié y rindes mal; estás con entusiasmo empezando un ministerio junto a otros en la iglesia local y de golpe... ¡plaf! Uno de tus compañeros no quiere seguir, otro decide esperar, y trastabillas aún en el primer paso de tu servicio a Dios; empiezas un noviazgo y descubres que quien decía ser una cosa resultó ser otra. ¿Te ha pasado? ¿te está pasando?. ¡¡¡Transforma este traspié en una conquista!!! Saca provecho del barro en tus manos, no estás solo “Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano”. Levántate, mira tus manos y pon esa tierra en las manos de quien endereza tus pasos y... sigue... pues aún quedan otros ladrillos que pisar y una tierra para conquistar. ¿Amén?'
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