En Los Brazos Del Señor
Sentí que me rescataste, en un lejano día\nEn tus brazos me albergaste sin importar quien yo era\nEn mi espíritu me llamaste a seguir en tus caminos\nHubo gozo en los cielos cuando te entregué mi vida\nPresencié como tu fuerza mi interior estremecía\nCada día me obsequiabas esperanza y paz divina\nMe propuse a buscarte en justicia verdadera\nSentía que me escuchabas y me dabas alegría\n¿Por qué nadie se fijaba en mirar como yo era?\nMis afanes fueron tuyos para que me dirigieras\nMisteriosos tus caminos, eso iba aprendiendo\nPero más crudo es vivirlo que el irlo conociendo\nMe llevabas de tu mano y todo me sonreía\nYo vivía para ti y tú a mí me bendecías\nHasta que un día llegó el enemigo de las almas\nQue a meterse entre nosotros con maldad se atrevía\nDe tu gracia fui expulsado sin piedad en un desierto\nDonde reina el terror y no se encuentra calma\nEra arena muy caliente y mis pies no resistían\nInvocaba tu nombre, pero no me respondías\nPoco a poco me iba perdiendo en las arenas del desierto\nDonde no hay rastro de vida y sólo quedan los recuerdos\nY el sol me castigaba con la fuerza de sus llamas\nYa rendido en el suelo de tu rumbo me perdía\nY escuché cuando dijiste: “Ya es bastante con la prueba”\nMe tomaste en tus brazos y mis heridas sanabas\nHe entendido que vivirlo es más real que saberlo\nAhora sí estoy seguro que el Señor siempre me guía\n\nEscribí este poema hace varios años atrás para el tiempo en que era nuevo creyente. Me inspiré en el tema cuando fui expuesto a mis primeras pruebas como cristiano y era difícil entenderlo en aquel momento. Al final del poema hay una reflexión de esperanza que simplemente era la idealización de lo que esperaba que pasara. Hoy cinco años después, leo el poema y puedo ver que en medio de la prueba Dios me sostenía y que detrás de esto venía su bendición. Si estamos en pruebas luchemos hasta el final, ya que al final de ese camino veremos la misericordia de Dios.'