Entre Narcisos y Alejandros
El mundo que vivimos es catalogado por diversos académicos como postmoderno, pero la Biblia le llama “tiempos peligrosos”, cuyas características se encuentran en 2ª Tim. 3:1-5. Estudiar esos versículos es ver una radiografía de lo que sucede en nuestra sociedad; y si miramos la causa veremos que mucho radica en donde están los afectos. En este mundo hay hombres y mujeres “amadores de sí mismos... aborrecedores de lo bueno... amadores de los deleites” (2ª Tim. 3:2,3,4).\n\nEs maravilloso ver cómo Dios ya había predicho esto. Los nuevos filósofos no han descubierto nada nuevo, hay 3 características de esta generación que son predicadas: el narcisismo, el relativismo y el hedonismo. Las definiciones de estos términos son: narcisismo amadores de sí mismos, relativismo aborrecedores de lo bueno y hedonismo amadores de los deleites. Sí, sin duda no hay nada nuevo debajo del sol. ¿Queremos conocer al hombre y a la mujer actuales? Debemos mirar el manual del Creador.\n\n“Amadores de sí mismos” El Narcisismo es un término que viene de la mitología griega y se refiere a la leyenda de Narciso. Este muchacho era descendiente de los dioses y era muy hermoso. La leyenda relata que la única forma en que Narciso podía llegar a viejo era no conociéndose a sí mismo. Por eso es que desarrolló su vida en vanidad, lejos de quienes le amaban, hasta que llevado a un monte cerca de un arroyo, vio su figura y se enamoró de sí mismo. Se lanzó vez tras vez para abrazar la imagen, pero en cada contacto con el agua la imagen desaparecía. Sus palabras de desesperación eran: \"¿Cómo podría soportar poseer y al mismo tiempo no poseer?”. Y clavándose un cuchillo en el pecho terminó con su vida. De su sangre en la tierra, cuenta la leyenda, nació una flor blanca con corazón rojo, la flor del Narciso. Por eso es que este mundo es llamado narcisista. Los hombres son amadores de sí mismos, ellos realizan sus vidas teniendo como fin un espejismo que les lleva a la autodestrucción.\n \n“Aborrecedores de lo bueno” El Relativismo no es otra cosa que el trueque de valores morales. A lo malo llaman bueno y a lo bueno llaman malo (Is. 5:20). No hay un patrón moral universal, objetivo y constante (absoluto) sino todo cambia de acuerdo a las circunstancias, a las experiencias pasadas, a la personalidad del sujeto y a su creencia personal (relativismo). En el mundo de hoy no hay un solo lente (la Biblia) sino todo depende con el cristal con el que se lo mire. Esta generación es relativista porque ha sacado a Dios y su Palabra de su lugar, por eso son “aborrecedores de lo bueno”.\n\n“Amadores de los deleites” El hedonismo es la búsqueda del placer. Tal vez la frase de un titular de una revista popular en Argentina lo pueda describir bien: “Lo sensual está de moda”. Es la gran paradoja que se predica por los medios de comunicación, ellos nos dicen “disfruta y luego pagas el precio”. Lástima que el precio que se debe pagar por el hedonismo es en muchas cuotas y muy elevadas.\n\n¿Y la iglesia? En el primer siglo se veía a Narciso disfrazado de Diótrefes (3ª Jn. 9-10), los hedonistas habían convencido a Demas (2ª Tim 4:10) y el relativismo había ganado el corazón de Himeneo y Alejandro (1ª Tim. 1:18-20). En nuestra era los Diótrefes, Demas y Alejandros tienen sus partidarios en medio de iglesias que antes eran de sana doctrina y consagradas a Dios. Su Palabra dice “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu mente con toda tu fuerza; y a tu prójimo como a ti mismo” pero el slogan de hoy es tú eres importante, tú puedes, ámate a ti mismo para poder amar a los demás. Suena parecido pero no es lo mismo. La gran diferencia está en a quien amamos primero. Dios sigue diciendo “tengo contra ti que has dejado tu primer amor. Recuerda por tanto de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido” Apocalipsis 2:4-5. Dime a quien amas y te diré quien eres. Recordemos, estos son “tiempos peligrosos” y debemos diferenciar entre lo que es de Dios y lo que tiene otro origen. En el huerto de Dios no hay lugar para narcisos.'