Historia de un Portero
Un semestre más. Un año más. Muchos terminamos clases y muchos otros terminaron un año difícil de trabajo. ¿Qué va a pasar ahora?. Los graduados de prepa a elegir carrera y los de carrera a la difícil tarea de encontrar trabajo o algunos a seguirse preparando con la maestría.\n\nParece fácil decirlo, pero ¡ah! como nos costó trabajo terminar una etapa más en nuestra vida, de esas que valen la pena recordar, por lo mismo de nuestro esfuerzo. Nada mejor que disfrutar de unas merecidas vacaciones o de echarle las ganas en el famoso “verano”. Total, hay más tiempo que vida.\n\nHace ya un rato, que no veía a tanta gente presionada. Los exámenes nos traían de un lado a otro, sacando apuntes de todos lados, con asesorías extras y un poco de motivación a los maestros, para que nos tuvieran algo de compasión.\n\nPero hay personas del otro lado, que nos hacen la vida un poco más fácil, o nos hacen que nos demos cuenta, que no le debemos de poner tanta seriedad a las cosas.\nEran las 12: 45 de la tarde. Un calor, de esos únicos en San Pedro. Se me ocurrió la “brillante” idea de hacer un movimiento en un banco de nuestro municipio. Cabe recalcar que no me pasó por la mente, la cantidad de personas que tenían la misma intención que yo, justo en el mismo banco, a la misma hora.\n\nAl llegar y ver la cantidad de autos que estaban estacionados, empezó mi presión y coraje, al ver que mi estancia iba para largo.\n\nPero al entrar, conocí a un hombre, y digo que lo conocí, porque es un honor conocerle, que hizo que cambiara mi gesto de enojo, por una sonrisa. Aunque usted no lo crea, esa persona, era el portero del banco.\nUn hombre de edad avanzada que saludaba a cualquier persona que entraba al lugar, como si lo conociera de toda la vida. Un: “buenas joven, cómo le va,” agregándole una sonrisa, sirvió para que por lo menos, me pusiera de buen humor.\n\nPensé que le había caído bien, pero yo no era el único. No existía una sola persona que se le pasara desapercibida sin que le diera un gran saludo con entusiasmo; inclusive a algunos los llamaba por su nombre.\n\nLa filaba esta larguísima, pero el simple hecho de observar a aquel portero, hizo que se me hiciera muy corta. Obviamente no faltaba la queja de las señoras en la fila; que nunca habían visto semejante cosa, que tenían que llegar a hacer la comida, que ya no aguantaban estar de pie, etc. Pero el portero seguía, saludando y despidiendo a cuanta gente entraba y salía del banco. Tratando de hacer más alegre la vida en aquel lugar y sobre todo, transformando el estado de ánimo de todos los clientes.\nSiento que él, más que nadie en el banco, sabe lo que es el servicio al cliente. Porque le está brindando lo más importante, algo que les cambie su forma de ver las cosas. Una sonrisa, una palabra de aliento, de ánimo, en momentos difíciles, sirve muchísimo más que cualquier oferta o promoción.\n\nAprendamos a darle un poco de alegría a nuestras vidas. No le demos tanta seriedad a las cosas. Ya no lo han demostrado tanta gente, que no tiene lo mismo que nosotros, y sin embargo sonríe ante cualquier adversidad.\n\nCada quien tiene sus propias “broncas” y sabe la magnitud de las mismas, pero también sabemos que la mayoría tienen solución, entonces no hay de que preocuparnos; y si no la tienen, ya no hay nada que hacer, entonces tampoco hay que preocuparnos de más.\nOjalá que disfruten sus vacaciones y espero que nunca olvidemos, que estamos aquí para trascender. Que mejor que trascender, transformando aunque sea, la vida de una persona. Cambia tu vida, cambiando otra vida.'