Hombre Olvidado ¿Según Quién?

“¿De Nazaret puede salir algo de bueno?” Jn. 1:46\n\nHabía una vez una pequeña ciudad con pocos hombres en ella, pero algo inesperado sucedió. Un rey decidió tomarla y la asedió levantando contra ella grandes baluartes (murallas); la ciudad estaba en peligro y su fin era inminente. Sin embargo allí se encontraba un hombre pobre, sabio, el cual libró a la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel hombre pobre. Esta historia que ocuparía la sección periodística de “historias de vida” o la de “héroes entre nosotros”, no es ficción sino que fue observada y admirada por Salomón (Eclesiastés 9:13-15). Si leemos bien el relato veremos cosas impactantes: allí hay una ciudad pequeña, un hombre pobre y sabio y nadie se acordaba de él. Pero fue la labor de este trabajador anónimo la que trajo victoria al pueblo.\n\nUn siervo olvidado. Tal vez eres un cristiano que estás sirviendo a Dios en un área que no trasciende y a veces te sientes olvidado de Dios y de los demás; incluso puedes ponerte el saco de este hombre y dices: “nadie se acuerda de mi”. Hace un tiempo recibí una carta que termina con una poesía, que de tanto en tanto la leo, especialmente cuando me asalta la autocompasión y pareciera que lo que estoy haciendo para Dios es insignificante al lado de lo que otros realizan. Dice así: “Padre ¿dónde trabajaré hoy?/ y mi amor fluyó libre y con devoción/ Entonces me señaló un pequeño lugar mientras decía:/ -Atiende esto por mí- A lo que pronto respondí:/ -Oh, no, no allí pues aunque bien el trabajo hiciera/ nadie podría notarlo, no importa cuanto yo diera/ No aquel insignificante lugar para mí/ Y sus palabras llegaron no con reproche sino con amor/ -Ah, pequeño, mira tu corazón; / ¿trabajas por ellos o por mí?/ Nazaret un pequeño lugar era y Galilea también fue así”\n\n“Tu Padre que ve en secreto te recompensará en público” (Mt. 6:4, 6, 18). Dios nos dice que lo privado y pequeño puede ser grande y público para Él. Y lo ilustró con su mismo ejemplo. Cuando decidió venir al mundo no escogió Jerusalén sino Belén, la más pequeña de las aldeas de Judea, no escogió una casa ni un palacio sino un establo, y su infancia la vivió no en la capital de Palestina sino en Nazaret una aldea olvidada de Galilea. De él dijo Natanael: “-¿de Nazaret puede salir algo de bueno?”. Incluso los fariseos decían que los de Galilea eran gente maldita, pues según ellos “eran provincianos que no sabían nada de ley y que de Galilea nunca se había levantado profeta”. Sin embargo ese fue el lugar que escogió mi Señor para servir. ¿Se lo decimos juntos? “Señor, sí... en donde me has puesto te serviré con todo mi corazón” Amén.'
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