La Sopa
Ivet es una niña de cuatro años, es muy risueña, cariñosa, le gusta los dulces y odia la sopa.\n\nUna tarde su madre trajo la sopa para dársela; en cuanto la vio comenzó a llorar y patalear para no comerla, su madre le dijo “ Ivet si comes la sopa te doy un caramelo” la niña inmediatamente se la comió, su madre efectivamente le dio el caramelo y así cada día le ofrecía dulces para conseguir que se alimentara. \n\nUn día su madre invitó a una amiga a almorzar la misma que trajo a Erika su hija, que casualmente tenía la misma edad de Ivet y también odiaba la sopa. Las dos madres comenzaron a luchar para que se la comieran. Al ver que Erika no la quería, su madre dijo: “ Erika si no te comes la sopa no te dejo jugar con Ivet” la niña inmediatamente se la comió; las madres al final sonrieron y exclamaron ¡Lo que tenemos que hacer para que se alimenten!.\n\nAlgunas veces actuamos de esta manera con Dios, él quiere que crezcamos en su conocimiento, comunión y amor pero nos resistimos porque no nos gusta el sabor que esto pueda tener, pero cuando vemos todas las bendiciones que podemos obtener enseguida actuamos correctamente, o por miedo a ser castigados como en el caso de Erika.\n\nNo quiero decirte que está mal el reaccionar a las bendiciones de Dios pues una vida bendecida trae gratitud, o que no debes tener temor santo a Dios pues lo conoces y sabes que te ama y no dejará que te pierdas, lo que quiero es que analices si éstas son las motivaciones para estar a su lado y preguntarte, ¿Qué va a pasar si Cristo “deja” de bendecirte?, ¿Que va a pasar si en lugar de “castigo” recibes gracia y amor? ¿Sabrás qué hacer?.\n\nQuiero dejarte estas preguntas para que las contestes en lo profundo de tu corazón pero viendo el rostro de Jesús. Espero que lo que hoy te motive a estar a su lado sea la gratitud por el sacrificio que hizo por ti en la cruz para salvarte y que haya brotado en ti amor hacia él.\n\n“Aunque la higuera no dé renuevos, ni haya frutos en las vides, aunque falle la cosecha del olivo, y los campos no produzcan alimentos; aunque en él parezco no haya ovejas, ni ganado alguno en los establos; Aun así, yo me regocijaré en el Señor, ¡Me alegraré en Dios, mi Libertador”. (Habacuc 3:17-18)'