La Visita de Jesús
Alejandra miró en su buzón del correo, pero sólo había una carta. La tomó y la miró antes de abrirla, pero luego la miró con más cuidado. No había sello ni marcas del correo, solamente su nombre y dirección. Leyó la carta: \n\nQuerida Alejandra: \nEstaré en tu vecindario el sábado en la tarde y pasaré a visitarte. Con amor, Jesús \n\nSus manos temblaban cuando puso la carta sobre la mesa. \n\"¿Por qué querrá venir a visitarme el Señor? \nNo soy nadie en especial, no tengo nada que ofrecerle...”\n Pensando en eso, Alejandra recordó el vacío reinante en los estantes de su cocina.\n\"¡Ay no! ¡No tengo nada para ofrecerle! \nTendré que ir a comprar algo. \n\"Bueno, compraré algo de pan y alguna otra cosa, al menos.”\n Se echó un abrigo encima y se apresuró a salir.\n \nUna hogaza de pan francés, media libra de pavo y un cartón de leche... \nY Alejandra se quedó con solamente doce centavos que le\ndeberían durar hasta el lunes. \nAun así se sintió bien camino a casa, con sus humildes ingredientes bajo el brazo. \n\n\"Oiga, señora, ¿nos puede ayudar, señora?\" \nAlejandra estaba tan absorta pensando en la cena que no vio las dos figuras que estaban de pie en el pasillo. \nUn hombre y una mujer, los dos vestidos con poco más que harapos. \n\"Mire, señora, no tengo empleo, usted sabe, y mi mujer y yo \nhemos estado viviendo allá afuera en la calle y, bueno, \nestá haciendo frío y nos está dando hambre, y bueno, si usted nos puede ayudar, estaríamos muy agradecidos...\"\nAlejandra los miró con más cuidado. \nPensó que ellos podrían obtener algún empleo si realmente quisieran.... \n........\"Señor, quisiera ayudar, pero yo misma soy una mujer pobre. Todo lo que tengo es unas rebanadas y pan, pero tengo un huésped importante para esta noche y planeaba servirle eso a El.\" \n\"Si, bueno, si señora, entiendo. Gracias de todos modos.\" \nEl hombre puso su brazo alrededor de los hombros de la mujer y se dirigieron a la salida. A medida que los veía saliendo, Alejandra sintió un latido familiar en su corazón. \n\n\"¡Señor, espere!\" \nLa pareja se detuvo y volteó a medida que Alejandra corría hacia ellos y los alcanzaba en la calle.\nMire: ¿por qué no toma esta comida? Algo se me ocurrirá para servir a mi invitado...\", y extendió la mano con la bolsa de víveres. \n\"Gracias, señora, muchas gracias!\" \n\"Si, gracias!\", dijo la mujer y Alejandra pudo notar que estaba temblando de frío. \n\"¿Sabe? tengo otro abrigo en casa, tome éste\", Alejandra desabotonó su abrigo y \nlo deslizó sobre los hombros de la mujer. Y sonriendo, volteó y regresó camino a casa... sin su abrigo y sin nada que servir a su invitado. \n\"Gracias, señora, muchas gracias!\" \n\nAlejandra estaba tiritando cuando llegó a la entrada. Ahora no \ntenía nada para ofrecerle al Señor.\nBuscó rápidamente la llave en la cartera.\nMientras lo hacía notó que había otra carta en el buzón.\n\"Qué raro, el cartero no viene dos veces en un día.\" \nTomó el sobre y lo abrió: \n \nQuerida Alejandra: \nQué bueno fue volverte a ver. Gracias por la deliciosa cena, y \n Gracias también por el hermoso abrigo. Con amor, Jesús \n\nEl aire todavía estaba frío pero, aun sin su abrigo, Alejandra no lo notó. '