Letras, Palabras y Poder
“Viendo el denuedo de Pedro y Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras.... se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús” Hch. 4:13 “Porque aunque sea tosco en la palabra no lo soy en el conocimiento” 2ª Cor. 11:6. \n\nMuchas veces me veo no capacitado para la tarea que Dios me dio, me siento sin letras: y en otras oportunidades las palabras huyen de mí y se me paraliza la lengua. ¿Te pasa lo mismo? Ni Pedro ni Juan tenían letras y Pablo no tenía palabras, pero ellos tenían poder (ver 1ª Cor. 2:1, 5; 4:20). En el mundo de Pedro, Juan y Pablo las palabras y la elocuencia eran las cosas que daban poder. Por eso al ver el poder de estos hombres, sus contemporáneos se quedaban maravillados. ¿Dónde estaba la fuente de poder? Ellos habían estado con Jesús. El maestro de Galilea produjo también asombro en los corazones de los eruditos de su tiempo. Ellos decían “¿Cómo sabe éste letras sin haber estudiado?” (Jn. 7:15). La respuesta es que no hay letras que queden fuera de lo que Jesús es pues El es el Alfa y la Omega (Apoc. 1:8) y no hay palabras a comunicar que lo dejen mudo pues El es el Verbo, la Palabra de Dios hecha carne (Jn. 1:1, 14).\n\nCuando te encuentres intelectualmente sin letras, o las palabras no corran a tus labios para fluir con elocuencia, recuerda quién es el dueño de letras y palabras vivas, y pasa tiempo con El. ¿Qué excusas podemos darle para no ser portavoces suyos? Moisés, un anciano de 80 años, le dijo “¡Ay Señor! Nunca he sido hombre de fácil palabra... porque soy tardo en el habla y torpe de lengua” Y Dios contestó “¿quién dio la boca al hombre?... ¿no soy yo Jehová? Ahora pues ve, y yo estaré con tu boca y te enseñaré lo que hayas de hablar” (Ex. 4:10-11). \n\nEl adolescente Jeremías exclamó “¡ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño”, pero fue reprendido “no digas soy un niño, porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande” y tocando la boca del muchacho le afirmó “he aquí he puesto mis palabras en tu boca” (Jer. 1:6, 7, 9). \n\nAún los labios inmundos no son excusa para no cumplir con nuestra misión; Isaías ante la visión maravillosa del Santo de Dios, se dio cuenta que su lenguaje dejaba mucho que desear “Ay de mí... porque soy hombre inmundo de labios...” pero la confesión trajo la solución, pues con un carbón encendido que tocó sus labios, el serafín declaró “he aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa y limpio tu pecado” Is. 6:5-7). No se trata de letras o palabras sino de poder. La verdad, a mí ya no me quedan excusas... ¿y a ti?'