Parábola de la Vida 1 \”El Rey de la Nada\”
Hace un tiempo atrás se publicó en la Argentina un libro titulado “el rey del mundo”. Se trata de la biografía de Cassius Clay, un boxeador de color que cambió de nombre y de religión. Se convirtió al islamismo transformándose en Mohamed Alí. Leyendo un fragmento de la entrevista que el autor tuvo con el ex boxeador me encontré con lo siguiente:\n\n“Estabamos mirando juntos un video del combate que mantuvo con Sonny Liston, el cual abandonó en el sexto round y que le dio el primer título mundial a Mohamed Alí. En el video se veía al joven triunfador bailando en el ring y gritando “¡soy el rey del mundo! ¡soy el rey del mundo!”. Ahora Cassius Clay tenía 54 años y ya estaba sufriendo los primeros síntomas de Parkinson. Sus ojos se fijaron en la pantalla, disfrutando la escena.\n-¿Cuántos años tenía?- preguntó al aire- veintidós. No, veinticuatro. Ahora tengo cincuenta y cuatro.\n\nSe estuvo un par de minutos sin decir nada.\n-El tiempo vuela. Vuela. Se va- .En ese momento Alí alzó la mano lentamente y movió los dedos como las alas de un pájaro para terminar diciendo:\n-Se va volando”\n\nSi algo caracterizó a Cassius Clay fue su insolencia en el ring y su egolatría en todo momento. De su molde salieron muchos deportistas que proclaman continuamente “soy el número uno”, “soy el mejor”, “soy el rey”. Y como si fuera una paradoja de su historia, el mal de Parkinson comenzó su obra demoledora sobre este monarca justamente allí.... en la lengua.\n\nLa historia bíblica es rica en personajes semejantes a Alí. Hombres y mujeres que paseaban su lengua por el cielo, la tierra y el infierno, creyéndose los reyes del mundo y terminando siendo derrotados y avergonzados. Allí está Goliat, un gigante de casi 3 metros que durante 40 días se paró ante los escuadrones de Israel, insultando a los soldados y maldiciendo a Jehová, y un día el adolescente David con sólo una piedrita lo derribó y le cortó la cabeza con su propia espada (1° Samuel 17). También se presenta un rey llamado Nabucodonosor que paseando por su palacio majestuoso exclamó: “¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad” y Dios inmediatamente lo castigó, llevándolo a padecer una enfermedad que lo colocó entre los animales del campo (Daniel 4). Y los nombres se podrían multiplicar: Herodes (Hch. 12:20-25), Amán (Ester 6), Faraón (Ex 5:1-2; 12:29-31), Belsasar (Daniel 5), Senaquerib (2°Reyes 18-19), etc., etc. Hombres y mujeres que ilustran la declaración bíblica “el que se exalte será humillado”.\n\nEstamos viviendo en un mundo gobernado por las individualidades. La filosofía es “eres importante y debes ser escuchado, eres único y así debes manifestarte”. Se vive la fama de los 15 minutos. Se usan los medios como trampolines de poder. Pero la ley de la gravedad también se aplica a lo espiritual... y todo lo que sube baja. Sin embargo el cristiano puede decir una frase que hasta puede confundirse con las declaraciones y principios de este mundo: “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). Y si miramos este texto en su contexto nos damos cuenta que no se trata de un inversionista exitoso, según el mundo, y que puede ufanarse que todo va bien. Se trata de alguien que sabe vivir humildemente y sabe tener abundancia. Alguien que aprendió a estar contento con lo que tiene. Alguien que todo lo puede EN CRISTO. Todo está en qué vehículo nos hemos subido: si sólo confiamos en nosotros y vivimos por y para nosotros seremos como el conductor que en vez de tener parabrisas tenía un gran espejo, su objetivo era él y nada mas que él, y lógico... se estrelló. Pero si estamos y vivimos en Cristo, si estamos en EL y vivimos en su voluntad entonces la vida siempre será vivida con poder y en EL.\n\nSí, la vida es una sola y se va volando. Es tiempo de sacar la corona de nuestra cabeza y entronizar al único que puede tomar el control y dejemos que ÉL SEA EL REY.\n\nArtículo publicado por el autor en la revista bimestral “La Lámpara”'