Parábola de la Vida 4 \”El Quincho y el Gusano\”
El hombre estaba metido en su nueva carpa. Era una calabacera que frondosamente había crecido en una noche, un quincho milagroso. Y Jonás, protagonista de esta historia, esperaba que lo que sucediera a Nínive también fuera una muestra del poder de Dios. Este profeta había alquilado el mejor sitio para ver cómo caería fuego o azufre del cielo o un terremoto tragase a todos los asirios, enemigos de Israel. \n\nÉl como profeta lo había anunciado ¡¡y esos asesinos se lo merecían!!. Estaba en esa ocupación cuando de pronto apareció en escena un pequeño gusano. Un gusano, enviado por Dios para secar la calabacera. Y, como si esto fuera poco, preparó un viento solano que hirió a Jonás en la cabeza. Éste, tambaleando y con gran frustración repetía: “Mejor sería para mí la muerte que la vida”.\n\nY fue en esa situación en que Dios entrevistó a Jonás:\n-¿Tanto te enojas por la calabacera?\n-Mucho me enojo-gritó furioso el profeta- hasta la muerte.\nY el Señor mirándole como un Padre amoroso a su hijo rebelde, respondió:\n-Tuviste tú lástima de la calabacera, en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche nació y en espacio de otra noche pereció. ¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?.\n\n¿Cuál era el mundo de Jonás? ¿hasta dónde llegaba su visión? ¿por qué cosas se preocupaba? Para este profeta desobediente lo más importante era su enramada y su calabacera. Ese era su mundo. ¡Y que a los demás los parta un rayo! Dios le dio a Jonás una lección, e hizo de un gusano y una calabacera una parábola para su vida. El Señor le dio al profeta descontento una bendición para quitársela; el propósito que tenía la calabacera no era la aprobación de Dios sino una demostración de su soberanía en dar para quitar. Job en tal situación habría dicho “el Señor dio, el Señor quitó; sea el nombre del Señor bendito”; pero Jonás gruñó “mucho me enojo hasta la muerte!!!!”. Dios miraba la necesidad espiritual de miles en esa ciudad, mientras Jonás miraba su prestigio y su calabacera. \n\nEn un campamento de jóvenes pedí que cada joven hiciera un dibujo que llevaría como título “esta es mi ciudad”; allí casi todos dibujaron casas, edificios, plazas, Mc Donalds, iglesias, autos, árboles, y muchas cosas... sí todos pensaron en cosas, excepto una niña de 12 años que como parte de su trabajo dibujó personas. ¿Será que a medida que crecemos perdemos la visión real de nuestro mundo? Con razón Jesús tomaba a los niños y los alzaba y les decía “aprendan de ellos”. De hecho a Jonás le dijo que él miraba con mas cariño a su calabacera que a los mas de 120,000 niños inocentes y animales que no tenían nada que ver con las decisiones pecaminosas de los ninivitas. Su quincho le tapaba la visión de lo importante.\n\n¿Cómo miramos a nuestra ciudad? ¿qué es lo que más nos importa? ¿cuál slogan es el motor de mi vida: mi calabacera o las miles de almas que marchan sin rumbo a la perdición? ¿Estamos mirando a nuestra ciudad con el \'largavista\' de nuestras bendiciones o con los ojos de Dios? ¿Nos ha dado el Señor una bendición para luego quitárnosla? Puede ser que esté tratando con nosotros al igual que con Jonás. Si es así, este es el tiempo de reaccionar... no confiemos en nuestro quincho, aprendamos la lección, pues nuestra calabacera se puede secar.\n\n\nArtículo publicado por el autor en la revista bimestral “La Lámpara”'