Parábola de la Vida 7 \”Un Perro, unas Piedras y Yo\”
Un perro. El can mostró sus dientes, y gruñó ferozmente, mientras la espuma que borboteaba de sus fauces revelaba a todos que estaba rabioso. El niño de 9 años, llamado Joseph Meister, quiso escapar de sus colmillos pero no pudo. El animal fue sacrificado y quienes conocían al pequeño y la enfermedad que acababa de adquirir presagiaban la muerte dolorosa que acontecería. Transcurrían los primeros días de julio de 1885 y no había vacunas para la rabia. En ese tiempo había un joven investigador, Luis Pasteur, que estaba experimentando en conejos y perros pero no se le había permitido inocularla en seres humanos. La mamá de Joseph, en su desesperación acudió al científico, y éste inyectó por primera vez en un humano la vacuna antirrábica.\n\nEl efecto fue asombroso pues en pocos minutos el proceso de la enfermedad se detuvo y el chico salvó su vida. De allí en adelante la vida de Joseph fue diferente, decidió trabajar con Luis Pasteur y llegó a formar parte del equipo que el famoso científico tenía en París, salvando la vida de miles de personas.\n\nPero el suceso que tal vez no ha tenido tanta repercusión es el ocurrido en 1940 cuando los nazis en el punto de ebullición de la segunda guerra mundial quisieron obligar a Meister a profanar la tumba de Pasteur. Él tenía que ayudarles a sacar los restos de quien un día le había salvado la vida, ¿podría hacerlo? El anciano de 64 años se puso firme ante la milicia alemana y dijo “no lo haré”, y esta fue la señal para ser brutalmente asesinado. En cierta medida, Joseph Meister dio su vida honrando a quien salvó la suya cuando era pequeño.\n\nUnas piedras. Hay otra historia que es aún más impactante y es la de un joven que murió apedreado dando su vida por Aquel que había salvado la suya. El muchacho se llamaba Esteban y es considerado el primer mártir cristiano. La historia se encuentra en el libro de los Hechos capítulos 6 y 7 donde se nos cuenta que había algo que ponía a Esteban en la vidriera, y es que amaba a Jesús quien lo había salvado no de la rabia sino de la condenación eterna, no de la mordida de un perro rabioso sino de las garras del mismo Satanás, no con una vacuna sino con la sangre que el Salvador Jesucristo había derramado en la cruz. Los sacerdotes judíos de su tiempo al ver que no podían con las palabras de Esteban, tejieron cuidadosamente una trampa con testigos falsos en un proceso, que más se parecía a una lamentable obra de teatro que a un correcto enjuiciamiento por un tribunal. \n\nEl suceso terminó con las piedras que sacudían su rostro y su cuerpo lleno de moretones que caían sobre Esteban y las palabras semejantes a las dichas por Jesús “Señor, no les tomes en cuenta este pecado” y con las piedras que durmió, dando su vida para honrar a quien le había salvado eternamente.\n\nY yo. Permítame reflexionar con quienes nos auto-definimos como cristianos. Puede ser que nos digamos a nosotros mismos; después de alguna reunión dominical, conferencia o campamento donde nos hemos cargado las baterías del espíritu, que por el Señor daríamos la vida. Claro que, bien lo sabemos, la posibilidad de que nuestra vida esté en riesgo por causa del Señor es remota. Por lo que para evaluar nuestro amor por Jesús debiéramos usar otra regla, la cuestión no es tanto si estoy dispuesto a morir por el Señor sino a vivir por Él. \n\n¿Cuánto tiempo hemos pasado hoy con el Señor en oración y leyendo la Biblia? ¿cuándo fue la última vez que le hablamos de Jesús a alguien? ¿somos capaces de apagar la TV cuando la programación ensucia la mente y el corazón? ¿ponemos freno a nuestra lengua prohibiéndole flamearse con chismes, mentiras o palabras corrompidas? ¿somos tan fieles en asistir a la iglesia como lo somos en el trabajo? ¿estamos disponibles para servir en los ministerios de nuestra congregación o ponemos “peros” para cada oportunidad de servicio?\n\nEl anciano Meister murió por Pasteur, quien le salvó de morir por la mordida de un perro. El joven Esteban murió apedreado por Jesús su Salvador. Usted y yo ¿viviremos por Aquel que resucitó y vive en nuestro corazón?'