¿Qué HarásTú con las Ofensas?

¿Cuántos de nosotros en ocasiones nos hemos sentido lastimados por algún comentario o burla de otro u otros?\n\nLe hago la pregunta porque a veces con mayor facilidad recordamos esto cuando somos nosotros las víctimas y muy difícilmente logramos recordar ese momento en que fuimos los ofensores. Y para ir de acuerdo con el comentario anteriormente señalado le contaré lo difícil que fue para mí pasar por alto la ofensa de la que un día fui objeto. Aclaro, no dije que contaría la ofensa, sino lo difícil que fue superarla (creo absolutamente que en lo segundo, al contrario que en lo primero se encuentra verdaderamente lo que puede edificarnos) con la ayuda de Dios.\n\nY sabe, lo más difícil y doloroso fue que la persona que me ofendió no se dio cuenta que lo hizo (quiero pensarlo así). Le confieso que al instante no supe cómo reaccionar, me bastó una fracción de segundo decidir quedarme callado y fingir que no había pasado nada, pero mientras iba camino a casa, sentía cómo aquella ofensa segundo tras segundo se incrustaba más en mi corazón y se adueñaba más de mi mente. Admito que por momentos ya estaba planificando como regresar aquella ofensa con mayor peso. Pero a Dios la gloria que mientras la carne hacia su parte, el Espíritu Santo fue más fuerte y sanó aquella herida, y créame al día siguiente la obra del Espíritu Santo fue confirmada- pude ver a aquella persona con el amor que sólo Dios es capaz de inyectar en los corazones heridos y en las mentes frustradas por alguna ofensa.\n\nFingir que no ha pasado nada y quedarse callado no es lo más conveniente que podamos hacer, llorar incesantemente aquella ofensa tampoco logrará aliviar el dolor, evitar el contacto visual o abstenernos en conversar con la persona de nada servirá, lo anterior sólo ayudará en arraigar más en nuestro corazón y en nuestra mente aquella ofensa, estamos a tiempo de echar fuera aquello que busca posesionarse de la morada del Espíritu Santo, no profanemos el Templo del Espíritu, usted y yo sabemos que él nos anhela celosamente y no permitirá compartir nuestro corazón. \n\nSin duda que pude darle lugar a la carne para que aquella ofensa se arraigara en mi corazón, y puedo decirle con certeza que las semillas que son y provienen de la carne, rápidamente crecen y echan raíces, pero también no se olvide que el fruto que se recoge es muerte. \"el que siembra para la carne segará muerte, mas el que siembra para el Espíritu segará vida y paz\" \n\nSólo tenemos dos alternativas. Le decimos a la ofensa bienvenida o le pedimos al Espíritu Santo limpie nuestro corazón.\n\nAhora vayamos a lo que muy difícilmente recordamos\n ¿Cuántas veces ha ofendido a otro u otros? Y bueno, consciente de que esta pregunta nos coloca en una postura muy penosa y al igual poco edificante, le haré una más ligera ¿cuántas veces a pedido perdón por las ofensas que ha realizado? Bueno, creo que no cambió mucho la situación pero quedémonos con la última. De nuevo tendré que reconocer que esto también, me cuesta mucho trabajo hacer, sin embrago no hay como solicitar la ayuda de Dios para que nos permita reconocer nuestra falta y nos dé valor para pedir perdón, así como tuvimos el valor de ofender sin la ayuda de Dios. Que hermoso es estar a cuenta con nuestro hermano y saber que a la vez estamos bien delante de Dios. También aquí deseo aclarar que esto no nos justifica para ofender y al cabo de un rato pedir perdón. Tratare de ser más explícito con la siguiente ilustración. \n\nUn padre deseaba enseñarle a su hijo una lección sobre la paciencia\nLe dio una bolsa de clavos y le dijo: Hijo cada vez que pierdas la paciencia, deberás clavar un clavo detrás de la puerta.\nEl primer día, el muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta.\nLas semanas siguientes, a medida que él aprendió a controlar su genio, clavo cada vez menos.\nDescubrió que era más fácil controlar su genio que clavar clavos.\nLlegó el día en que controló su carácter durante todo el día.\nDespués de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter.\nLos días pasaron y el joven pudo finalmente anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta. Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta y le dijo: has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma.\nCada vez que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves.\nTú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero del modo como se lo digas lo devastará, y la cicatriz perdurará para siempre.\nUna ofensa verbal es tan dañina como una ofensa física.'
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