Un Tigre y la Puerta de la Libertad
Era el 14 de agosto del 2003, un día jueves como cualquier otro, y el zoológico de Bangladesh recibía los visitantes habituales. De pronto apareció la figura de Bhim, un enorme tigre real de Bengala corriendo por las inmediaciones de la institución. El poderoso felino había aprovechado la distracción de su cuidador, quien había dejado la puerta de su jaula abierta, y en esos momentos estaba disfrutando de su libertad. El cuidador al ver a Bhim rondando por el lugar se desmayó del susto, pues nunca se había enfrentado a un tigre fuera de su jaula, por lo que ya no había impedimentos para que el animal escapara. Pero su incursión en lo que es la libertad duró apenas una hora, pues ante la sorpresa de los administradores del lugar, el tigre volvió a su jaula debido a lo amenazante que fue para él la multitud. Para sentirse seguro, Bhim (cuyo nombre significa “poderoso”), volvió a su encierro.\n\nAl pensar en la vivencia de Bhim recuerdo a Israel, un pueblo que había sido liberado con mano poderosa de su jaula, Egipto. Se trataba de una nación que había sido sacada del yugo de esclavitud, que había atravesado los barrotes y las cadenas de la dominación. Pero sin embargo ante situaciones amenazantes, en vez de seguir adelante y recurrir a quien tenía el poder de librarles volvían la mirada atrás y pensaban en la seguridad que les había dado Egipto. Para ellos los melones de Egipto valían más que la libertad que disfrutaban (Núm. 11:5), eran como Esaú que despreció la primogenitura por un plato de lentejas (Gn. 25:27-34), eran como Bhim que en vez de correr hacia delante con la fuerza de su poder, decidió volver porque la jaula era más segura que la libertad.\n\nMuchas veces protagonizamos, en nuestra experiencia, esta parábola de la vida. El cristiano es libre, no por un descuido sino por la obra de nuestro gran Libertador Jesucristo quien con su sangre “libró a todos lo que por el temor a la muerte vivíamos en servidumbre” (Hebreos 2:15). Somos libres, sí, libres de las obras de la ley (Ro.7:6), libres de Satanás (Heb. 2:15), libres de los hombres (1ª Cor. 7:23), libres del poder del pecado (Col.1:13). Cada creyente tiene libertad en Cristo y puede decir “todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, pero ¿cuántos ante una situación amenazadora vuelven atrás? ¿Cuántos ante una prueba buscan refugio en los barrotes del pecado, en las cadenas de la falta de perdón a un hermano, en los grillos de la auto-conmiseración? “Ahora, conociendo a Dios, o mas bien siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis esclavizar?” (Gál. 4:9) \n\nTal vez tú que estás leyendo este artículo te encuentres escapando de Dios, o estás en una pendiente que te aleja cada vez más, y reconoces que has vuelto atrás, que prefieres la jaula a vivir en plenitud la libertad de Cristo. ¿Te encuentras así? A lo mejor eres un Juan Marcos en Jerusalén que volvió atrás en una misión para el Señor (Hch. 13:3, 13), o un Moisés en Madián luego de que tu testimonio ha quedado por el piso (Ex. 2:11-15), o un Sansón en Gaza habiendo perdido la visión (ciego), la dirección (dando vueltas a un molino), el poder (su fuerza se había ido de él) y la libertad (en cadenas) después de caer en los brazos de Dalila (Jueces 16:19-22). Recuerda, por favor que estos personajes no quedaron en sus celdas; ellos volvieron en sí y luego del arrepentimiento y restauración cruzaron la puerta y lograron grandes cosas para Dios: el joven Juan Marcos con su pluma nos trajo el evangelio que lleva su nombre, Moisés con su vara de pastor trajo libertad a toda la nación de Israel y Sansón apoyándose en 2 columnas destruyó a miles de filisteos. \n\nLuego que Bhim entró en su jaula la puerta se cerró y su vida sigue allí en ese zoológico de Bangladesh. La posibilidad de que la puerta quede abierta, por olvido, se hace remota para este enorme felino. Pero gracias a Dios la prisión, en que están los cristianos que han vuelto atrás, no se ha cerrado y sólo hay que tomar la decisión de obedecer la voz del Señor. Dios te dice sal, eres libre, pues hasta que no experimentes esta libertad no podrás servirme. Olvida lo que queda atrás, extiéndete a lo que está delante, prosigue a la meta (Fil 3:13-14) y recuerda... la puerta sigue abierta.'