Volver a Casa

Hilda, es una joven de trece años, es una estudiante brillante vive con su familia adoptiva y hasta el momento le ha ido muy bien con casi todos los miembros de la familia, cada día se esfuerza para no defraudarlos.\n\nDentro de poco Andrea la hija mayor de la familia, quien no quiere a Hilda debido a que no la considera de la familia, cumplirá quince años, todos los preparativos están listos y las invitaciones se han repartido.\n\nUna semana antes de la celebración, Andrea le pidió a Hilda que la ayudara en la fiesta, ella muy emocionada aceptó, estaba muy contenta ya que nunca antes Andrea había tenido esta actitud con ella; los días pasaban pero Andrea no le comentaba nada, ya muy inquieta Hilda se acercó y le dijo: “ Querida hermana, estoy tan complacida de que quieras que te ayude, pero mañana es tu fiesta y no me has dicho qué quieres que haga” la “hermana” con sonrisa irónica le dijo: “ por el momento no hace falta, en mi fiesta si necesito que ayudes a los sirvientes a atender a los invitados, toma te compre un uniforme,” Hilda llena de lágrimas salió de la habitación, a la vez que Andrea la seguía para molestarla, en eso sus padres escucharon la discusión y fueron a averiguar lo que sucedía; al enterarse de los detalles obligaron a Andrea a disculparse con Hilda y le advirtieron que si se mantenía con esa actitud, suspenderían la fiesta. \n\nAl llegar la noche Andrea fue a la habitación de Hilda y le dijo que ella debería darse cuenta que no es de la familia y que por su culpa sus padres no le daban lo que quería, que debería irse y dejarlos vivir felices. Hilda lloró toda la noche y casi al amanecer recogió sus cosas y se fue.\n\nAl llegar la mañana los padres preguntaron por Hilda pero Andrea les dijo que estaba ayudándola con algunos detalles en casa de una amiga, debido a toda la actividad los padres no se percataron de la ausencia de Hilda. Ya cerca de la hora de la fiesta, la madre trajo el vestido que usaría Hilda, fue a su habitación y se dio cuenta que faltaban algunas cosas, llamó a su esposo y le explicó lo sucedido, le preguntaron a Andrea si sabía al respecto, ella dijo que no sabía nada, cuando se disponían a salir de la habitación el padre divisó un papel en el suelo del que Andrea no se había percatado, en la nota les explicaba lo sucedido y se despedía de ellos llena de agradecimiento.\n\nEl padre inmediatamente suspendió la fiesta y salió a buscar a Hilda, lo hizo toda la noche, ya cerca del amanecer la encontró en un parque llorando, Hilda al verlo intentó huir pero su padre la alcanzó, la abrazó y le dijo: “No debiste dejar la casa, tú eres mi hija y nada ni nadie cambiará esto, no importa lo que te diga la gente, yo te amo y siempre serás mi hija”.\n\nAlgunas veces en nuestra vida espiritual podemos llegar a sentir esto, nos rendimos a los pies de Cristo y pasamos a ser hijos de Dios, nos esforzamos por no defraudarlo pues nos damos cuenta de su inmerecido amor y nos sentimos amados y protegidos, pero en ocasiones debido a circunstancias o simplemente al engaño del enemigo decidimos alejarnos de él.\n\nNo sé si esta sea tu situación, pero si hoy te sientes triste y abatido tal vez porque la gente te ha hecho sentir que no perteneces a la familia cristiana, o has pecado y la culpa te ha hecho sentir que no mereces perdón ni llamarte hijo de Dios, quiero decirte que hay alguien que no piensa así y te está buscando porque te ama tanto que dio su vida por ti, es Jesús, no importa lo que hayas hecho su perdón está a tu alcance, por más que intentes huir Cristo siempre te alcanzará para demostrarte su amor, y lo más importante es que nada ni nadie podrá cambiar eso, no te resistas más, recibe su abrazo y vuelve a casa. \n\n“¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si se pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento” Lucas 15: 4,5 y 7.'
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